Cuarenta años no es nada… o sí.

Yo fui de las niñas que creció viendo Barrio Sésamo y aprendiendo entre otras cosas a convivir con historias y personajes como Epi y Blas, llenos de ternura, de sentido del humor y de tolerancia.
Después llegó la Gallina Caponata y por supuesto un grupo de amigos cada vez más grande, con más historias, con más enredos y con mucha más diversión. La hora del bocata, la merienda después del cole siempre era más divertida viendo en la tele Barrio Sésamo.
Lo recuerdo con cariño y con nostalgia, quizás porque era muy pequeña, quizás porque eran historias de amigos que lo pasan bien juntos, quizás porque era el momento de mezclar creatividad, educación, sentido común y diversión todo junto en un solo espacio infantil que nos hacía felices y nos divertía sin robarnos nada ni de nuestra infancia ni de nuestra inocencia, al revés.
¡Ah! Y no pasó nada por ver cada día como Tricky devoraba galletas a troche y moche, ni se potenció la obesidad entre mis amigos ni nada por el estilo, mi merienda seguía siendo un bocata de jamón york o de salchichón o de lo que hubiera (a veces chocolate…) y un buen vaso de leche. La culpa no suele ser del mensajero por mucho que algunos se empeñen o por mucho más fácil que sea para todos.
El caso es que como todos… estos muñecos también se hacen mayores, este mes han cumplido nada menos que 40 añazos y siguen formando parte de uno de los mejores programas de televisión para niños de todos los tiempos. Con lo mucho que nos enseñaron y parece que hemos aprendido muy poco a crear buenos contenidos en las cadenas de televisión para las generaciones que han ido llegando después, de hecho, un sólo ejemplo: mis hijos también disfrutan viendo las aventuras de sus amigos de Barrio Sésamo… ¿qué más se puede añadir?

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