Hace tiempo, mucho tiempo, mis padres y yo estuvimos viviendo en el norte de la Península, de vez en cuando volvíamos al centro, a Madrid, a visitar al resto de la familia, a alguna cita-fiesta de amigos, a dar una vuelta a la casa… lo típico.

Cogíamos el coche y bajar por la carretera, hace más de 20 años…, viendo como va cambiando el paisaje, era algo que siempre me llamaba la atención. Me quedaba absorta colgada de la ventanilla del coche y de lo que desde ella se adivinaba.

De repente, casi sin darse uno cuenta, el verdor de la cornisa cantábrica, iba cediendo ante el ímpetu de la meseta. Los campos verdes, los montes, las colinas llenas de tonos distintos de verdor, llenas de vida voluptuosa no podían hacer nada ante la terquedad de la falta de agua, ante la soledad de los páramos en los que un árbol perdido y sólo luchaba por sobrevivir…. 
Siempre me ha parecido que tenía mucho más mérito el monte bajo que busca en el subsuelo un poco de agua con la que seguir viviendo y resulta que hoy me encuentro con Pilar y “su diente de león” y veo que ¡no soy la única! que considera bella la lucha por la vida.
Cuando todo es demasiado fácil parece obligado estar vivo y además ser bello, pero cuando cada gota de agua hay que pelearla y cada rayo de sol hiere la piel, la vida en sí ya es pura belleza.
AQUI os pongo el enlace a su estupendo blog para que podáis “empaparos” de sus preciosas fotos de los paisajes secos por los primeros pasos del verano del centro peninsular…

2 thoughts on “Bello y Vivo”

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