Entrevista con Fundamento (II)

Tocamos el tema de las dietas al iniciar un nuevo año, hablamos de la obsesión y la presión que se ejerce sobre todo sobre las mujeres con el asunto del peso y hablamos de como eso afecta inevitablemente a la alimentación de la familia.

Hablamos de todas esas cosas con Juan Revenga, biólogo y dietista-nutricionista pero se quedaron muchas cosas por publicar de la entrevista, así que hoy toca publicar la segunda parte de la entrevista en la que hablamos de obesidad infantil, alimentación infantil y cómo está afectando la crisis económica también a la alimentación en familia…

Merece mucho la pena..

Si por un casual no leísteis el domingo pasado la primera parte de la entrevista AQUI tenéis el enlace para que no os la perdáis. 
Ahora os dejo con la segunda parte…
TMP.-
Juan, es inevitable que teniéndote aquí te pregunte por el problema de la
obesidad infantil en nuestro país ¿qué nos está pasando en la mesa? ¿crees que
se puede achacar exclusivamente a la falta de tiempo de la mamá que trabaja
fuera de casa?
J.R.- La obesidad tanto en el caso de los más pequeños como
en el caso de los adultos es problema con múltiples causas. En el caso del
especial aumento de la obesidad
infantil
en los últimos años (no tan “especial” porque ese aumento en
los adultos tampoco va a la zaga), me parece una irresponsabilidad simplista el
achacarlo a las madres y a que de un tiempo a esta parte haya más madres que
trabajen fuera de casa. Es fácil buscar
culpables así, a lo tonto
, cuando dos variables evolucionan en el mismo
sentido (las mujeres trabajan más fuera de casa y la obesidad infantil aumenta)
pero que dos cosas cambien de forma
aparentemente acompasada no quiere decir que estén relacionadas
. En
cualquier caso sería plausible un razonamiento que explicara esta posible
relación. Este razonamiento sería que como antes las madres dedicaban más
tiempo a la educación alimentaria de los hijos y ahora tienen menos tiempo, esa
educación se ve mermada. Como digo es plausible pensar así, pero no está
demostrado y, de estarlo, este elemento
sería uno más entre muchos otros
a la hora de explicar los cambios en el
peso de los más pequeños de un tiempo a esta parte.
El caso es que esa posible preocupación que ofrecían
las madres anteriormente al estar más en casa y ser estas las únicas implicadas
en este asunto no ha sido asumida en la actualidad por la unidad parental.
¿Necesitan los niños que nos preocupemos los adultos por su alimentación? Sin
lugar a dudas, pero no solo las madres. Los padres tanto como ellas, y otras
personas de su entorno también deben de implicarse. Y como se ha dicho siempre,
no se trata de “ayudar” más, se trata de
implicarse y de asumir esta responsabilidad de igual forma
TMP.-
Y por ser algo más positivos, más optimistas, ¿podrías ofrecer unos puntos,
unas pautas sencillas para seguir una alimentación más sana en familia? que no
haya que hacer un menú para cada uno, ¡¡por favor!! (jejejeje)
J.R.- Porqué no volvemos la vista hacia atrás apenas 30 ó 40
años. Hablo por mi experiencia personal tanto por la vivida como por la
observada… ¡en mi casa todos comíamos lo
mismo!
Y por lo que sé en la mayor parte de las familias de mi entorno
sucedía igual. ¿Qué sabían nuestras
madres y padres que al parecer no sabemos ahora?
¿Qué información se ha
perdido en el camino que supone una sola generación?
Creo que la mejor pauta que se puede dar en este
sentido es la búsqueda de la normalidad.
Qué cada uno en casa haga comidas diferentes o que coma lo que se le antoje no
es muy normal por mucho que la aberrante información dirigida a los niños en la
revista “Reportero Doc
 (nº 214) que mi hija Adriana (9 años)
sigue, pueda hacer creer o invitar a hacer. Según leo en esta revista (ver foto):
   “Diana [la madre se supone] va a tomar pollo con calabacín al vapor,
porque quiere cuidar la línea
[…] Marcos
[el padre] sirve pollo al curry, un plato
que él habñia preparado y congelado. Lo ha calentado en el microondas
[…] Flavia [hermana mayor] cuenta que en el comedor del cole ha comido
pescado rebozado
[…] Julio
[hermano intermedio que juega con una consola sentado a la mesa, algo no muy
educativo que se diga] preferiría comer
pizza o una hamburguesa
[…] [la niña pequeña de unos 2 o 3 años, no “dice”
nada pero se le ve comer una especie de puré]

¿Y esa es la familia media en España?¡¡Marrre mía!!!

Perdonen señores editores de “Reportero Doc” pero eso no es lo “normal” por mucho que sí sea
(tristemente) lo habitual
. A día de hoy, en mi casa, todos comemos lo mismo
salvo contadísimas excepciones, como siempre ha habido. Esas excepciones se
deben a esas preparaciones o recetas (más que alimentos) que puntualmente a
alguien no le gustan… y que además, como cuento en esta
entrada
de mi  blog, pueden
cambiar de un momento para el siguiente.   
Así pues tres únicos puntos clave genéricos que yo
daría para seguir una alimentación sana en familia son:
  • Todos
    comen lo mismo
    , al menos desde que los niños tienen una edad como para llevarse
    ellos solos los cubiertos a la boca.
  • Planificación
    y organización
    para prever con antelación qué se va a comer en el futuro, al menos
    con una semana de anticipación.
  • Tener claras cuáles son las claves
    para hacer correctamente dicha planificación
    . Si no se tienen claras
    estos conceptos recurrir a un dietista-nutricionista, un profesional que
    tiene una perspectiva mucho más amplia en este terreno que cualquier otro
    profesional sanitario.


TMP.-
Leía hace poco que la crisis económica que estamos padeciendo en España, ha
hecho que muchos papás hayan abandonado la bollería industrial que ofrecían a
sus hijos como merienda y hayan regresado al bocadillo y al pan de la
panadería, ¿cómo ves esto como profesional de la nutrición?
J.R.- Pues la verdad es que en este aspecto no estoy muy de
acuerdo. Las actuales circunstancias económicas (no soy mucho de referirme a
ellas como “crisis”) no facilita precisamente el comer mejor, y si más al
contrario, el comer peor. Al menos desde mi perspectiva (cuando no se suele
tener una especial preocupación y conocimiento sobre estos temas) el tener unos patrones de alimentación más
saludables suele ser más caro que tener unos patrones menos recomendables
.
Los alimentos superfluos, los del vértice de la pirámide de la alimentación
saludable, los menos recomendables se nos ofrecen muy a menudo como una solución más cómoda y económica y
para ilustrarlo aquí
y aquí
van un par de ejemplos. De hecho un reciente estudio de
la Universidad de Harvard
ha cuantificado (en la población
estadounidense) el valor de una “cesta de la compra saludable” comparándola con
otra “cesta menos saludable”. Las conclusiones: Las dietas saludables son cerca de 1,1 €/día más costosas que aquellas
menos saludables
. Nada aparentemente grave hasta que llevamos esta cifra a
valores anuales y lo multiplicamos por el número de miembros de una familia
(por que estos 1,1€ de más son por persona). El resultado es que, por ejemplo,
en una familia de 4 miembros el seguir una dieta saludable que otra que no lo
sea tanto suponen 1.600€ de más por año
lo cual ya no es tan fácil de asumir a la luz de las actuales circunstancias
económicas. Se puede ver mi comentario al estudio en cuestión en este
enlace
.
De vuelta a la pregunta y sin saber cuál fue la fuente
de información que leíste y que aportaba el dato de “la vuelta bocadillo”,
habrá que ver también qué es lo que se pone dentro de esos emparedados. Al
final, las diferencias nutricionales entre un bollo y un bocata con crema de
cacao tampoco te creas que son tantas. Lo digo porque a veces lo que los padres
creen que es saludable y lo que realmente lo es no coincide, véanse ejemplo
1
y ejemplo
2
.
TMP.-
Las mamás peleamos con las apetencias de los demás miembros de la familia y ya
sabes que a nadie le gusta vivir en una constante lucha pero, ¿cómo hacerlo,
cómo argumentar para que los peques admitan comer determinadas cosas que no son
las que les gustan?
J.R.- Sin
presiones
, dejar claro desde un principio, y este principio se
remonta al momento de la lactancia (sea como sea que se practique) que lo que
hay para comer es lo que hay para comer. Ofrecer
a los niños un catálogo de opciones saludables
dentro de la normalidad a la
que antes aludía (con sus excepciones que son parte de esa normalidad). No
puedo sino repetirme en mis argumentaciones y para ello citar un
documento
del Grupo de Revisión Estudio y Posicionamiento de la
Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AEDN):
[…] Los niños empiezan a asimilar
y a mimetizar las selecciones de alimentos de sus cuidadores de manera muy
temprana, incluso antes de ser capaces de apreciar las implicaciones de dichas
selecciones (Sutherland LA y cols., 2008). Esto es particularmente relevante si
se tiene en cuenta que en la etapa infantil se incorporan la mayoría de los
hábitos y prácticas alimentarias de la comunidad. Así, tanto las preferencias
como aversiones hacia determinados alimentos están fuertemente condicionadas
por el contexto familiar (Domínguez-Vásquez P y cols., 2008).
[…] Una investigación […] expuso
a 120 niños de entre 2 y 6 años a 73 alimentos distintos y se les instó a que
realizasen “la compra”. Las compras fueron muy similares a lo que los
respectivos cuidadores compraban de manera habitual, hecho que apoya la teoría
de que existe una influencia clara del modelo de los adultos. Así, la compra de
bebidas o alimentos clasificados como saludables por dichos niños se asociaron
de forma estadísticamente significativa con lo que sus cuidadores habían
declarado comprar habitualmente en una encuesta previa, pese a la corta edad de
los niños (Sutherland LA y cols., 2008)
[…] Aunque los niños valoran sus
propias preferencias de “sabor” a la hora de seleccionar uno u otro alimento la
selección también tiene en cuenta las preferencias de sus padres o cuidadores,
y esto se observa incluso en niños de entre 2 y 6 años (Birch LL y Fisher JO,
1998; Neumark-Sztainer D y cols., 1999). De manera similar a estos hallazgos,
otros estudios muestran que este comportamiento se extiende a la adolescencia
(Michela JL y Contento IR, 1986; Contento IR y cols., 2006) Es decir, la
influencia de los adultos no sólo abarca lo que estos ofrecen a los niños para
comer, o los consejos que dan al respecto de la alimentación, sino sobre todo
el modelo que ofrecen a dichos niños. Su manera de alimentarse, por tanto, se
puede tomar como un marcador de cómo se alimentarán los niños en el futuro
(Sutherland LA y cols., 2008). Una revisión de la literatura al respecto de
este particular deja claro que “El rol que desempeñan los padres o cuidadores
podría ser un mejor método para mejorar la dieta del niño que los intentos de
controlar su dieta” (Scaglioni S y cols., 2008). Otra revisión, en este caso
una revisión sistemática que evaluó a 60 publicaciones científicas, mostró que
este rol o modelo ha demostrado asociarse a un mayor consumo de frutas y hortalizas
por parte de los menores (Pearson N y cols., 2009)
Lo que, todo ello y en resumen se podría sintetizar
como si
tu comes bien, ellos comerán bien
… al menos las probabilidades de que
lo hagan serán mayores. 

No me queda más que añadir. Me parecen unas respuestas llenas de sentido común y de sensatez, a veces es lo que más nos cuesta aplicar a nuestras dietas y sí, estoy de acuerdo en que las publicaciones y las publicidades.. no es que ayuden mucho.
¡¡Muchísimas gracias Juan!!
Espero que sigamos charlando… porque después de estas entrevistas… ¡¡me asaltan nuevas dudas!! Jejejeje

2 opiniones en “Entrevista con Fundamento (II)”

  1. En casa, comemos todos lo mismo. En mayor o menor cantidad, pero es un plato para todos. Nada de exquisiteces para uno, y otra cosa para otros. Además trato de variar en las cenas (que es lo único que hago entre semana), para que las niñas no se aburran. Eso sí, de postre siempre o fruta o yogur. Y ayer… dos plátanos… Y luego me quejo de que se me ponen malos enseguida.

    1. Jejejeje.. Yo creo que se reduce al ejemplo que pones de lo que hacéis en casa, aplicar el sentido común por el bien de los peques sobre todo, por su salud, por su educación,.. en el fondo porque les queremos. Es más complicado que darles siempre lo que ellos piden pero es que ellos realmente no saben lo que deben comer, para eso estamos nosotros, sus padres, los adultos responsables… ¡¡vamos digo yo!! ;-))

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