Pues no, no me gustan los toros en el ruedo ni lo que tienen alrededor

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Sin ganas de entrar en polémicas
baldías, la verdad es que nunca me han gustado las corridas de toros y no creo que me puedan gustar
nunca.
No entiendo la belleza de la tortura,
de hacer daño a un animal por entretener a un grupo de humanos. No entiendo dónde
está la diversión de colgarse de un pato o hacer bailar a una cabra o golpear a
un león. 

No me gustan los animales en cautividad y menos si están en un circo o
en una plaza de toros.

Ya me diréis qué os parece a vosotros…


Una de las visiones más duras que
recuerdo es en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid.

Una de las visiones más dolorosas que
recuerdo es la de ver brotar a borbotones la sangre de un toro después de que
el picador le clavara la puya. La puya, la punta de la vara no es especialmente
fina, es más o menos como un puño pequeño y se clava las veces que considere
necesarias la autoridad, justo en lo alto del lomo del toro.
Con cada latido de su corazón, sale
por ese agujero una bocanada de su propia vida, un golpe de sangre en un bombeo
agonizante que obviamente le tiene que generar un dolor de tal calibre que le
aturde los sentidos.
No entiendo que se lleve a los niños a
ver las corridas de toros, lo siento pero no creo que sea coherente mostrarles
un espectáculo así y después hablarles del respeto a los animales, pero cada
padre y cada madre educa a sus hijos como mejor le parece.
No concibo que la televisión pública
emita corridas de toros en horario infantil, no sé en qué piensan los
programadores y los responsables de esta decisión si es que piensan en algo o
hay más intereses detrás más allá de la educación y la sensibilidad de los
niños.
Ricky Gervais también lo tiene muy
claro, se podrá estar más o menos de acuerdo en la forma que tiene de
expresarlo pero no dice nada que no sea cierto

Y por si aun os queda alguna duda, os
dejo esta carta de un técnico de sonido que describe sin filtros qué es lo que
realmente se escucha en las plazas, en el albero, junto al callejón.
Cuenta como suena el dolor del animal,
como suena la muerte que le van administrando en pequeñas dosis los humanos que
bailan a su alrededor sin ningún pudor y sobre todo sin ningún remordimiento
mientras “el respetable”… ¿el respetable?¿en serio?

Bueno pues por mi parte está todo dicho… cada uno que saque sus propias conclusiones y que reflexione, a veces creo que nos falta eso también.

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