institutos violencia aulas ayuda
Por primera vez que yo sepa, un
cuchillo de cocina ha entrado en un instituto español de la mano de un alumno.

Es la primera vez que yo sepa que un alumno ataca a sus compañeros y es la
primera vez que yo sepa en la que un alumno que ha explotado de este modo confiesa
haberse sentido atacado por sus compañeros.
Vuelve a ser la realidad y no yo la
que se impone de nuevo en el post de hoy.

De pronto, de buenas a primeras, un
chico de 17 años y con un expediente académico brillante según sus profesores
,
saca un cuchillo en el aula y empieza a atacar con él a sus compañeros de
clase.
Más o menos eso es lo que vienen a
decir desde la concejalía de educación del municipio de Alicante donde se encuentra el
instituto por boca del propio alcalde. Más o menos eso es lo que dicen desde el
mismo instituto, que se trata de un hecho puntual de un alumno perfectamente
integrado en su clase.
El hecho de que falte a primera hora
(un estudiante brillante) y que ataque a sus compañeros gritándoles “¡estoy
harto!”
eso no tiene ninguna relación con que él se estuviera sintiendo
presionado, acosado y objeto de burla desde hacía algún tiempo. Vamos que para
las autoridades no tiene nada que ver una cosa con la otra.

¿Qué engendra violencia?

Fue a cinco compañeros a los que causó
heridas leves antes de que uno de ellos consiguiera quitarle el cuchillo de cocina
que había llevado al instituto esa mañana.
Y algunos de esos mismos y otros más,
reconocen que es cierto que había alumnos que le llamaban “empollón” de manera
despectiva (como se viene haciendo desde siempre en las aulas), que se burlaban de sus altas clasificaciones y de su forma de
vestir.

¡Qué pena que todo esto no lo supiera
el propio centro que lo define como un caso aislado de un alumno perfectamente
integrado! Porque quizás de saber de esas burlas, lo mismo habría podido tomar
medidas para evitar una reacción violenta como esta.

La violencia engendra violencia, como
le oíamos decir a Meryl Streep hace unos días en su famoso discurso de los
Globos de Oro. Sí, vivimos en un mundo globalizado, mucho y todos los pequeños detalles que parece que nos pasan inadvertidos, nos van dando forma a todos.

Y la víctima explota

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Como le pasó hace poco a otra niña en
otro instituto en otra provincia, otra más.
En este caso no llevó un cuchillo a
clase sino que se quedó en su habitación y se suicidó mientras su madre le
preparaba la merienda
después de volver del instituto.
Sí, sufría acoso escolar y como suele
ser habitual, sus padres le cambiaron de centro educativo. A ella, a la
víctima, lo normal en estos casos tristemente.
El centro no consideraba que fuera
acoso,
lo descartaron cuando los padres fueron a informar de lo que le estaba
pasando a la niña. Cuando los padres fueron a informara de que a su hija la pegaban, que la insultaban, que la agredían con
lápices, que se metían con ella por su aspecto, por la ropa que vestía (mira…
lo mismo que decía el chico del instituto de Alicante)
todo eso para el centro no era motivo de considerarlo acosos y de hecho algunas cosas, le llegaron a decir a la madre de la niña que “son cosas suyas”.

Curioso que en ambos casos los centros
descarten el acoso y la policía encuentre indicios para investigarlo ¿qué ve la
policía que no alcanzan a apreciar desde la dirección de estos centros?

Lo habitual, la víctima cambia de
centro o la violencia la ejerce sobre sí misma. Lo nuevo, la víctima se
revuelve contra sus agresores y comete un acto injustificable como el que leíamos
en la prensa esta semana.

Se buscan valientes

Y es urgente la necesidad de
encontrarlos.
Me ha encantado el rap y la campaña
que han puesto en marcha desde una cadena de televisión con música de El Langui
llamando a la acción a los demás alumnos, a los que no son víctimas pero que
con su silencio y quizás sin saberlo se convierten en verdugos.
Es urgente encontrar valientes en las
aulas y en los despachos, valientes que defiendan al débil y lo ayuden a
levantarse, valientes que pongan al violento en su sitio, que les enseñen que
ser violento no es ser mejor, que ser el jefecillo de la manada no les hace más
fuertes sino todo lo contrario.

Se buscan valientes para que como dice
el maestro Sabina “ser cobarde no valga la pena” y no volvamos a leer más casos
como estos en los que la soledad de la víctima les empuja al abismo.

6 thoughts on “Cuando el cuchillo entró en el instituto”

  1. El problema es que muchos centros, profesores y padres, aún no están (estamos) alertas y conscientes de lo que supone el acoso escolar. Expresiones como "eso ha pasado siempre", "no es nada", "ya se le pasará" no ayudan a la víctima; hasta que la víctima se convierte en verdugo.

  2. No es acoso porque consideran normalísimo, compañeros y profesores, que "sólo" se le hicieran bromas de vez en cuando por sus altas notas. Lo normalizado que tienen los chavales y muchos mayores el que puedas tomarle el pelo a alguien o reirte a su costa (encima por ser mejor que tú en algo) sin importarte que al receptor de las brulas no le haga ni p. gracia.

    1. Sigue dándome muchísima pena que uno de los motivos de burla sean las buenas notas, seguimos machando al que estudia, se esfuerza y aprende… y eso no nos hace buenas personas ni individual ni colectivamente.
      Y me da mucha pena que el centro lo vea "normal" y la policía vea indicios suficientes como para investigarlo ¡pobres chicos!

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