Tres meses que duraban una vida: las vacaciones cuando eres niño

verano escolar vacaciones eternas
Tres meses de vacaciones, tres meses
de verano en los que no hacer mucho más que dormir, jugar, comer, jugar y tener
una sensación de libertad que no teníamos durante el resto del año.
Tres meses en los que parece que el tiempo se
derrite
por el calor y esa sensación de que no pasan los minutos no volveremos
a tenerla nunca.

¿Cómo eran de largas vuestras
vacaciones escolares de tres largos meses cuando eráis niños?¿Cómo son ahora?

Bueno, en algunas comunidades
autónomas han empezado precisamente por reducir esas vacaciones escolares de 90
días.

En Cantabria se han modificado para
repartirlas a lo largo del año
, se han desvinculado también de las fiestas
propiamente religiosas y se han repartido unas y otras a lo largo del curso.
Los escolares descansan el mismo
número de días pero de una forma más escalonada, más repartida durante todo el
curso escolar. Cada dos meses tienen una semana de vacaciones, es algo
novedoso, que sólo ocurre en esta comunidad y que como es lógico tiene sus
defensores y sus detractores. Yo aún me lo estoy pensando pero en el fondo creo que no lo veo mal, la verdad.

La soledad de las vacaciones

soledad conciliación familia

Hablar de vacaciones escolares en esta
época es hablar de conciliación laboral y familiar de los padres y sus hijos,
algo complicado a veces en grado máximo.

Para algunos padres las vacaciones
escolares de sus hijos se traduce en llamadas desde el trabajo a casa para
comprobar que todo va bien, comidas preparadas para que el niño sólo tenga que
calentarlas y confianza plena en la madurez de un niño o una niña que tiene que
quedarse solo en casa hasta que sus padres vuelvan del trabajo, hasta que sus
padres tengan vacaciones también.
Son los “niños de la llave”, pequeños
que viven al menos una parte de sus vacaciones en soledad, niños y niñas que
crecen prácticamente de golpe porque las circunstancias son las que mandan y a
ellos y a sus padres y madres no les queda otro remedio que adaptarse.
El verano pasado en España fueron más
de 500.000 niños
los que pasaron solos en casa parte de su periodo vacacional
mientras sus padres y madres acudían a su trabajo. Niños y niñas a partir de
los 11-12 años la mayoría
, pero también los hay algo más pequeños.
No todas las familias tienen economía
que pueda permitir un campamento de verano para los más pequeños, ni abuelos
que se puedan ocupar de ellos, ni “pueblo” como tenían los niños de nuestra
generación al que emigrar en verano.
Muchas familias sólo cuentan con el
apoyo de las ONG que denuncian además que la administración está haciendo una
cruel dejación de funciones
y de responsabilidades en este asunto, algo que nos
debería hacer reflexionar.

La compañía de un libro

leer libros entretener aburrimiento

La soledad no es buena compañera para
un niño, eso es innegable y las administraciones deberían cumplir con su
obligación de servir las necesidades de los ciudadanos independientemente de la
edad que estos tengan pero más allá de la soledad, pocas armas son tan eficaces
contra el aburrimiento como un buen libro.

Y hay historias que lo demuestran como
la de los hermanos Martinón Torres que tenían la enorme suerte de poder
enterrar su aburrimiento entre los más de 20.000 libros que había en su casa.
No, televisión más bien poca y menos a
la hora de la siesta, pero un libro siempre estaba permitido coger. Libros que
entretienen, que enseñan, que educan y que despiertan la curiosidad del lector.
Libros que han hecho que los hermanos Martinón Torres, salieran de su Ourense natal con ganas de ver en la vida real
lo que habían descubierto en las páginas de los libros y así, su pasión se convirtió en su
carrera profesional.

Ciudades y niños

soledad amigos jugar calle

Ese ha sido otro de los cambios que
hemos vivido desde aquellos veranos de nuestra infancia.
Veranos en los que al grito de “¡Mamá,
me voy a la calle!”
ya estaba todo solucionado. Los amigos del barrio o del
pueblo daban la misma información en casa y no había mayor problema. La tarde
se pasaba en la calle entre juegos, charlas, bocadillos para merendar y vuelta a casa
pasadas las horas.

Ahora las calles ya no son jugables y
los niños han perdido un espacio abierto contra el aburrimiento.

Aunque hay iniciativas que intentan
recuperar si no toda la calle al menos algunas plazas, hay iniciativas como la
puesta en marcha en el ayuntamiento madrileño de Alcalá de Henares en la que
están cambiando los carteles de “Prohibido jugar a la pelota” por otros muchos
más constructivos en los que se lee “Juega respetando”.
Bilbao es otra ciudad que se suma a
una iniciativa parecida apostando por la convivencia y la recuperación de la
vía pública como espacio de ocio y de juego para los más pequeños.
¿Dejamos de jugar porque nos hacemos
adultos o nos hacemos adultos porque dejamos de jugar? ¿Podemos encontrar en un
libro la inspiración que nos muestre a qué nos dedicaremos de mayores?¿Es justo
que muchos niños vivan en soledad lo que debería ser juego, diversión y
libertad antes de regresar al colegio?
Han cambiado mucho los veranos de
cuando nosotros éramos niños hasta ahora ¿verdad?

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