Procastinación versus productividad, la eterna batalla

Sí, aquí una procastinadora de manual que quiere dejar de serlo aunque no es nada fácil pasar de la procastinación a la productividad, seamos sinceras.

Hoy el post va de eso, de cambios de esos que parece que son sutiles pero que en el fondo tienen mucha intención. Quizás sean pequeños pasos pero con pequeños pasos también se hacen grandes recorridos ¿verdad?

Como ella misma dice en su post, he empezado a recibir una serie de “señales” que han hecho que me fije en el detalle: ¿tendría que intentar madrugar un poco más?

No, no es fácil para mí separarme de la calidez de las sábanas de mi cama y menos cuando llegue el invierno, lo sé, me conozco, ya llevo muchos años conmigo misma y eso de madrugar no me ha gustado nunca.

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Mayores beneficios

También es verdad que cumples años y te vuelves más sensata, más práctica e incluso te planteas cambios de comportamiento que hasta ahora no habías barajado ¡ni loca!

Yo dos horas aún no estoy preparada para adelantar mi despertador como dice Alicia en este post que os recomiendo que leáis y reflexionéis después.

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Pero después de toparme con otros posts sobre esto de la productividad, resulta que son más los beneficios que los perjuicios de adelantar un poco el despertador.

Hay ejemplos para aburrir, Michelle Obama es una de esos ejemplos y se decidió a adelantar el despertador para cuidarse un poco más a sí misma.

Hay quien recomienda que despertemos y nos levantemos antes para aprender a arrancar el día con una actitud positiva, optimista.

Un momento para pensar en esas cosas, en esas personas por las que nos sentimos agradecidos.

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Una práctica sencilla que hace que se reduzca nuestro estrés, que aumente nuestra productividad y que afrontemos el día con una sensación de bienestar, de “buenrollismo”.

Otros autores plantean que madrugues para sudar, que emplees esa hora para moverte, para cuidarte físicamente, para hacer ejercicio como hacen Jack Dorsey (que corre 10 kilómetros cada mañana antes de ponerse a tuitear) o Tim Cook (que se levanta a las cinco de la mañana para hacer ejercicio antes de encender su Mac).

Charles Dickens caminaba cerca de 25 kilómetros diarios y Nietzsche pensaba que caminar era la mejor manera de aclarar los pensamientos, o sea que no es que se haya puesto de moda últimamente.

Otro ejemplo, Mark Wahlberg que publicaba su horario habitual en IG hace pocos días, una “señal” más de las que me he ido encontrando antes de escribir este post.

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BBC Mundo

Empieza por lo peor

Venga que lo peor no es el madrugón. Imaginemos que ya nos hemos acostumbrado y nos levantamos de lunes a viernes una hora antes de lo que lo hacíamos para correr un poco, para salir a andar, para ir al gimnasio o para ir a la piscina.

Nos levantamos antes para meditar (aunque yo puede que si hago eso me vuelva a dormir…) para repasar lo bueno de nuestra vida y para empezar el día con una actitud positiva.

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O nos levantamos antes para adelantar trabajo y así poder ir más tranquilas el resto de la jornada. Si este es tu caso: empieza por comerte una rana para aumentar tu productividad.

¡Me encanta la expresión! Empieza por la peor tarea de las que se acumulan en tu agenda y así el día siempre irá a mejor. En lugar de posponer eso que no te apetece nada pero que tienes que hacer, resuélvelo lo primero y quítatelo de en medio.

Es cierto que somos más productivos si primero nos quitamos la tarea que menos nos gusta o menos nos apetece pero hay más ideas que podemos ir sumando para aumentar nuestra productividad:

  • desayuna bien tanto en tiempo como en cantidad y variedad
  • lee un poco todos los días, Bill Gates recomienda leer una hora cada día. Leer desarrolla nuestra mente y eso es beneficioso
  • sé  metódico con lo que quieres, Luis Buñuel por ejemplo dicen que veía tres películas diarias para aprender. Una al despertar, otra por la tarde y otra antes de dormir pero no películas simplemente entretenidas sino de las que requieren atención e intención por parte del espectador
  • escucha a otras personas, no es sencillo, cada vez queremos más ser escuchados y menos escuchar a los demás y es muy importante que hagamos el ejercicio de escuchar más y por supuesto procesar la información que nos llega.

Con todas estas ideas, ejemplos y conclusiones ¿te animas a que la batalla la gane la productividad en tu vida?

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