Este es un ejemplo más de que el «pecado» siempre o casi siempre está en los ojos del que mira… Este dibujo y el texto que lo acompaña lo he recibido por mail, me lo ha mandado una amiga (gracias guapa) y además de para hacer unas risas sirve para reflexionar sobre la inocencia infantil y cómo se pierde cuando nos hacemos adultos… ley de vida, supongo.
No sé si será fidedigno pero… ¿por qué no? no es algo tan difícil de creer ¿a quién no le ha puesto en un apuro la naturalidad, la espontaneidad y la sinceridad de sus propios hijos?

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