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Nuestra primera vez, nos vamos de crucero en familia y os lo cuento por capítulos porque es que hay mucho que contar y mucho bueno, todo sea dicho. Nos vamos una semanita de crucero, los cuatro, en familia. Cogemos un avión hasta Copenhaguem y allí embarcamos en una nave enorme, un barco inmenso de esos que hay que recorrer con plano para no perderse.

Vamos a recorrer las capitales bálticas: Copenhaguem, Estocolmo, Tallín, San Petersburgo y Rostock.

Pero no, hoy no os voy a hablar de las excursiones y las ciudades que hemos visitado y que nos han enamorado. Hoy vamos a hablar del barco porque cuando viajas en familia, es muy importante.

Un Costa Crucero, concretamente el Costa Fortuna, ya nos habían dicho que era un barco enorme pero nada como verlo con nuestros propios ojos.

Casi 5.000 personas en el barco sólo de pasajeros, más o menos unas 1.000 de tripulación, somos una ciudad pequeña en medio del mar ¡qué barbaridad!

Piscina cubierta, piscina descubierta, gimnasio, mini-spa con jacuzzi, discoteca enorme, teatro gigante, camarotes, restaurantes, cafeterías, bares, un club para los niños y otro para los adolescentes, un pequeño casino, una sala de máquinas recreativas para jugar, una zona de tiendas, una pequeña biblioteca, una enfermería pequeñita, ascensores, escaleras, larguísimos pasillos para ir de un lado a otro del barco.

No quiero pensar en lo que consume un barco así y quiero pensar que son respetuosos con los residuos y que está todo medido y controlado, ya sé que esto es lo fácil por mi parte pero es que sino me amargo las vacaciones y me conozco.

Para desayunar y comer íbamos a uno de los restaurantes porque era autoservicio, para cenar a otro donde cada uno teníamos la mesa reservada y todo era más tranquilo, entre medias podríamos tomar un algo en alguna de las barras de cafeterías que había diseminadas por todo el barco.

El camarote tenía una cama enorme de matrimonio y dos literas, así que estábamos los cuatro juntitos, el pequeño feliz como una perdiz porque con estirar la mano me tocaba la carita o se la tocaba yo a él y ha dormido tan tranquilo y tan a gusto.

Muchos armarios aprovechando el espacio al máximo y un cuarto de baño completo dentro de la habitación. La verdad todo muy cómodo, muy chiquitito pero muy cómodo al mismo tiempo.

Sacamos la ropa de las maletas y metimos todo en el armario, incluidas las propias maletas, así que el poco espacio del camarote no fue ningún impedimento y eso que éramos cuatro personas compartiendo tan poco espacio pero es verdad que no pasamos mucho tiempo en el camarote teniendo tantas opciones a nuestra disposición en el barco y cuando atracábamos fuera de él.

Los servicios, la comida, la limpieza, la verdad es que ha estado todo muy bien por parte de los trabajadores del barco. No puedo decir lo mismo de algunos de los pasajeros que, en fin.

No sé que le pasa a la gente en general cuando se coloca delante de un buffet libre parece que el concepto ese de «que ya lo he pagado» lo traducen en «me lo como todo hasta que explote» o «no me lo voy a comer y habrá que tirarlo pero que lo tiren que para eso yo ya lo he pagado y si se queda alguien sin esto pues ¿a mí qué me importa?».

Perder la compostura, el sentido común y la dignidad es algo muy fácil en un buffet de comida, lo hemos podido comprobar en el crucero y lo que más me llama la atención es que después esas mismas personas son las que exigen a los niños comportamientos más propios de internado inglés que de vacaciones en familia.

En el barco fuimos a un par de los espectáculos del teatro y bueno por un tema generacional pues la verdad es que tampoco fue para tirar cohetes, estoy segura de que a las santas abuelas de mis hijos les habría encantado tararear las canciones, ver los trajes, los brillos, los bailes, pero nosotros estábamos un pelín desubicados, con una ligera sobredosis de naftalina pero con todo nuestro cariño y respeto para los artistas.

Los peques fueron un rato cada día al Mini-Club. Se notó la diferencia de edad y de autonomía porque el mayor lo pasó bastante bien pero el pequeño prefería quedarse con sus papis, no se encontraba del todo a gusto a pesar de que estaba junto a su hermano.

La verdad es que le gusta estar con nosotros, con sus papis pero lo cierto es que teniendo en cuenta que había niños que hablaban inglés, alemán, italiano y francés pues el pequeño que solo tiene cuatro años como que se encontraba un poco perdido a la hora de entender y hacerse entender. Aquello parecía a veces más una reunión de Naciones Unidas que un lugar para críos y es lógico, claro.

Hoy sólo os hablo del barco porque aunque contrateis excursiones siempre pasareis un  día o dos de navegación, o sea que no pisareis tierra y la verdad es que está muy bien lo de tumbarse en una hamaca con un buen libro y un refresco y descansar y desconectar.

Está pero que muy bien así que disfrutadlo sin remordimientos porque nos lo merecemos, sí o sí.

Nosotros sólo catamos la piscina cubierta que aunque no muy grande tampoco tenía demasiados usuarios así que estaba genial.

Había bañistas en la piscina abierta pero nosotros no, no nos atrevimos que los mocos acosan y están ahí a la vuelta de la esquina. Supongo que cuando no tienes mucho sol a tu disposición a lo largo del año, encontrarlo aunque sea en una piscina abierta es una bendición.

Había usuarios de la piscina que tumbados en las hamacas se tapaban con una manta pequeña, de esas que tenemos por los sofás del salón. Nosotros mejor a la piscina cubierta que de sol andamos mucho más servidos a lo largo del año.

La semana que viene hablamos de lo que se vive, lo que se descubre y lo que se aprende fuera del barco, si os parece que no es poco.

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2 thoughts on “Nos vamos de crucero en familia. Parte I

  1. Nosotros disfrutamos de un crucero en su día pero todavía eramos 2. De todos modos, nos pareció que eran unas estupendas vacaciones para pasar en familia, y nos daba la sensación de que la gente menuda lo pasaba en grande, así que es una de esas cosas que tenemos pendientes en la lista de lo que nos gustaría hacer en familia.

    1. La verdad es que para ellos es medio divertido, creo que depende mucho de la edad y del idioma mayoritario de la "torre de babel" en que se convierte el mini-club… ya me entiendes.
      Para pasar unas vacaciones "juntos" pero con laaargos momentos separados por las excursiones o actividades diversas…
      No sé, un poco agridulce…

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