Érase una Vez… Una Party IV

¡¡Venga, vamos con una recapitulación rapidita!!
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
…así que aunque seáis de letras y de letras puras, después de los tres primeros capítulos… ¡¡llega el cuarto!!

¡¡Aquí lo tenéis!!

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¡¡¡Preparadas!!!

La
noche estaba siendo redonda, llena de momentos estelares, llena de sorpresas,
llena de saludos, de hadas que iban y venían.

Todo
estaba saliendo rodado.
Incluso
los duendes estaban al tanto de todo y llevaban delicias para que las hadas
repusieran fuerzas después de los viajes taaan largos que se habían pegado
algunas. Vasos de zumos, refrescos, copas para saciar la sed de decenas de
hadas. Chupitos, bocaditos, canapés de sabores de lo más diverso y de lo más
apetitoso para alimentar a la concurrencia, pero también había un rincón único.

Un
rincón así,  como medio escondido junto a
una columna casi al fondo de la extensa pradera en la que se había instalado la
fiesta. Un puestecillo de esos que es mejor que las hadas no descubran nada más
llegar a la fiesta, un rincón amoroso y delicado lleno de calorías deliciosas,
de esas cosas que sabes que se van a pegar a tu cadera durante meses por muy
hada que seas pero, no puedes resistirte a su atracción, a su influjo. Sí, las
hadas tienes/tenemos una debilidad “confittera” por eso siempre preferimos
tener “en los bolsillos” polvo de hada y no bollitos o cupcakes o popcakes o
cakepops o una lista interminable de –cakes que simplemente… mmmmmmmm….
Y
en esas estaban las hadas cuando allá, en lontananza se divisó…. ¡¡el gorro de Merlín, el mago!!! Reconozcámoslo, hay
que ser muy “mago” para meterse en un sarao rodeado de hadas… que sí, que
son/somos encantadoras (y nunca mejor dicho) pero…
Allí
estaba él, Merlín, con su inseparable sombrero, elegante como él suele ser
habitualmente y como se había dejado el cayado habitual en casa porque Merlín,
así entre nosotras es muy coqueto y el bastón cree que le hace mayor, pues como
os decía, por tener algo en la mano, decidió tener una copa de ambrosía/GT o lo
que fuera o fuese. También, por miedo a los enfriamientos y esas cosas de las
fiestas y la edad, Merlín llevaba un
pañuelo/fular al cuello de rayas rojas gorditas y blancas finitas o al revés.
El pañuelo/fular era realmente rosa pero… a él no le gustó reconocerlo… cosas
de chicos que las hadas nunca entenderemos ¡son taaan raros!
El
momento era tan mágico que había que inmortalizarlo, las hadas son muy suyas
con eso de la imagen, ya lo habéis leído en capítulos anteriores, así que se
ponían sombreros y bufandas, boas y gafas postizas, diademas y tocados con los
que estaban guapas a rabiar, es lo que tiene que también estuvieran elaborados
por otras hadas. Las hadas entre sí, siempre saben lo que mejor les sienta a
unas y a otras. Es como un don, como un super-poder. La energía que desprende
un grupo de hadas riéndose mientras que dejan un recuerdo para la posteridad es
equiparable a la de las mareas, según dicen los expertos, como comprenderéis yo
no me he puesto a medirla que a una no le da el tiempo para tantos frentes…

10 opiniones en “Érase una Vez… Una Party IV”

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