Nos dijeron que no nos lo podían recomendar porque es tremendamente peculiar, o lo amas o lo odias, no se puede decir que sea para todos los públicos ni para todos los gustos. Y en todo eso que nos dijeron tenían razón. El Museo Vostell en Malpartida de Cáceres es todo eso y más, es puro arte contemporáneo en plena naturaleza. Todo en él es un contraste.

El entorno es único y lo que encierra este antiguo lavadero de lana sin duda también lo es.

¿Conocéis la corriente artística denominada “Fluxus”? Nosotros tampoco hasta que visitamos el Museo Vostell en Malpartida de Cáceres y como bien nos dijeron, no nos dejó indiferentes a ninguno, nos dimos de frente con el arte contemporáneo en plena naturaleza y sinceramente, nos encantó.

Vaya una confesión así, de principios: No somos muy afines al arte
contemporáneo en esta familia,
somos personas de gustos sencillos que no entendemos de arte más allá de si nos gusta o no nos gusta.

Visitar este museo fue una casualidad, una recomendación muy sincera y muy poco ortodoxa, nos avisaron de que no era como los demás y sobre todo de que su contenido era rompedor, era distinto.

Y nos encantó, eso sí, no son obras que se entiendan a simple vista y personalmente creo que es un arte que pretende más remover conciencias que transmitir belleza, algo que no es en absoluto criticable y que está de rabiosa actualidad por necesidad.

Entramos y ya en la taquilla, la persona que nos atendió nos transmitió perfectamente su pasión por su trabajo y su respeto al entorno en el que entrábamos y eso ya es bueno, eso despierta la curiosidad, las ganas y la afinidad del visitante.

Pocas cosas contagian más felicidad que encontrar a gente feliz en nuestro camino.

Nos enganchamos a la visita guiada que hace el museo y el paseo por la historia y por las intenciones de los artistas empezó de inmediato a remover nuestras conciencias.

¿Vosotros sabíais algo del movimiento artístico denominado «Fluxus»? ¿De sus intenciones? ¿De sus miembros? ¿De sus obras? Nosotros no, nada, rien de rien, hasta que cruzamos el portón y empezamos a descubrirlos.

Pupitres de colegio con televisiones encima y sobre ellos hormigón, duro, pesado, gris. Motos que forman un telón, motos de la guardia personal de un dictador, una dictadura que cae como un telón.

Las imágenes se suceden a partir de lo que el autor quiere provocar con sus obras. Ese coche, ese insecto, esos platos vacíos de unos para la opulencia absurda de otros, esos cuerpos que se quedan por el camino y se olvidan y se ignoran cruelmente.

Todo eso con el contraste de una presa, de un lavadero de lana, de un entorno natural tranquilo, limpio, verde y lleno de vida. Todo eso como una bofetada que día a día le da el progreso a la naturaleza, un proceso de autodestrucción en el que nos empeñamos como si nos fuera la vida en ello, sin darnos cuenta de que dejamos que se nos vaya la vida en ello.  

El Museo Vostell es atípico y original y a nosotros nos gustó, a los niños les llamó la atención lo suficiente como para recorrer las salas, como para jugar con las lanas o para alucinar con las bombillas del piano.

Y después el paseo por el entorno es de obligado cumplimiento. Imaginar que al año en lo que ahora es un museo, se lavaban toneladas de lana española y portuguesa que después salía para ser trabajada en el norte
de Europa  y exportada desde allí en forma de finas manufacturas.

El sino de nuestro país, vender materia prima para comprar manufactura, qué poco hemos aprendido de nuestros errores a lo largo de la historia.

Bueno pues como no todo va a ser alimentar el espíritu, viendo una de las esculturas más espectaculares, la que está en el exterior, junto a otra creada por Yoko Ono.

Decidimos aprovechar el clima benigno y disfrutar de la comida que ofrecen las instalaciones del museo, el restaurante estaba lleno pero nos permitieron comer en la terraza cerca de la puerta para facilitar un poco el desplazamiento de los camareros. Un acierto.

Espacio para moverse y jugar y un menú atractivo y ajustado, historia de nuestro país, de nuestra podríamos llamar ¿industria? y arte, arte contemporáneo, arte que provoca el diálogo y la reflexión abandonando un poco lo que podría considerarse prioritario en otras corrientes como es la belleza.

Arte que no entra tanto por el ojo al ver la obra como por el oído al escuchar las razones que movieron al autor, lo que buscaba, lo que quería expresar y por qué quería expresarlo así. Es evidente que volveremos, es un atractivo más para regresar siempre que se pueda a recorrer Cáceres

** Nota de la autora:  Me habría encantado haber podido ilustrar esta entrada con fotografías de las obras de las que os he hablado, las que me han gustado, las que consiguieron removernos.. pero no es posible hacer fotos dentro del museo ¿por qué? pues no lo sé, supongo que se me escapa… son cosas de esas que no termino de pillar.. ¿y vosotras?

4 comentarios sobre “El Museo Vostell, arte contemporáneo en plena naturaleza”

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