Supongo que me ha gustado leer desde siempre y buscando cómo conseguir que mis hijos amen también la lectura me he puesto a pensar en todo lo que leí cuando era una niña para amar la lectura. A ver si por ahí encuentro la forma de hacerles disfrutar con esta afición que me ha regalado tan buenos momentos.

Buscando el resorte que les haga bucear y disfrutar con un buen libro, dejarse llevar por una historia sin darse ni cuenta de que el tiempo pasa mientras estás enredado entre las palabras, las frases y las páginas de un libro; así estamos buscando a ver si conseguimos localizarlo porque de momento no estamos teniendo mucho éxito, la verdad.

Si sabéis de alguna fórmula mágica que funcione, no os la guardéis por favor ¡compartidla!

A mí, es que sí, me gusta leer desde, no sé exactamente creo que me gusta desde que tengo memoria, la verdad.

Cuando llegaban los Reyes Magos a mi casa traían siempre juguetes y libros y mis padres siempre me recuerdan sentada en un sillón cogiendo primero los libros que habían llegado a casa esa noche.

Los primeros libros que yo recuerdo entre mis manos eran los enormes «SuperHumor» del gradísimo Ibáñez, no me los leía ¡me los bebía!  Y luego
volvía a releerlos un número indeterminado de veces.

Dormía en una cama nido, en un piso, en medio de Madrid. Mi mesilla era el cajón de abajo del mueble en el que se metía mi cama durante el día y ese cajón estaba a rebosar de tebeos, hasta arriba.

Durante un tiempo, cuando me acostaba me iba leyendo los de arriba y cuando me los había leído demasiado y me los empezaba a saber un poco de memoria, entonces los sacaba todos y le daba la vuelta.

Los de arriba pasaban a colocarse abajo y estos subían de nuevo a la superficie del cajón y así las antiguas lecturas que hacía tiempo que no leían volvían a formar parte de mis noches de lectura antes de dormir.

Con el tiempo pasé de los tebeos a los libros porque nosotros los llamábamos tebeos y no cómics, esto ha venido tiempo después a nuestros vocabularios.

“Los Cinco” y “Las Aventuras de los Siete Secretos” fueron lecturas de cabecera durante años, después llegó “Puck” y alguno de “Sissi” ya veis que en mi preadolescencia se cumplía eso de “lecturas de chicas” más o menos.

También me leía todos los que nos decían en el colegio, yo pasaba de eso de elegir, empezaba por uno y seguía por otro y así me leía los que los profesores marcaban para los dos grupos de lectura entre los que podíamos elegir.

Mi primer libro «de mayor» recuerdo sacarlo de la biblioteca de casa
recomendado por mi padre, era «Tuareg» de Alberto Vázquez Figueroa.

Sinceramente, visto con cierta perspectiva, no me queda claro si era un libro apropiado para una niña de 9-10 años como tenía yo cuando lo leí pero indiscutiblemente me enganchó y seguí leyendo los que había por casa que no eran pocos.

Alguno se me atragantó, todo hay que decirlo. No pude pasar de la página 50 de «La cabaña del tío Tom», no podía parar de llorar y era sólo el comienzo de la historia.

Los thriller de medicina de Robin Cook cayeron uno tras otro como las hojas de un árbol, como los de Mary Higgins Clark.

Dejé las novelas y me pasé a los clásicos porque pensé que había que leer libros más serios, cosas de la edad digo yo.

Me encantó pasear por Vetusta con «La Regenta» o tomar café sobre las lápidas de «La Colmena» o llorar hasta la deshidratación con «Crónica de una muerte anunciada».

A la par descubrí lo bien que se lee el teatro de Don Mendo a Fuenteovejuna pasando por Yerma y haciendo parada y fonda en la fina ironía inglesa de William Shakespeare. Sí, tuve una larga etapa cultureta en mi evolución lectora.

Con lo que no pude ni he podido nunca (además de la ya mencionada novela de Harriet Beecher Stowe) ha sido con «El Quijote» esto es así y hay que reconocerlo.

El Quijote siempre me ha aburrido soberanamente, no le cogía el punto y eso que soy una fan declarada de las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes pero con el caballero de la triste figura no he podido nunca.

De hecho os confieso que ha sido la única evaluación en mi vida que he suspendido literatura, nunca, jamás he suspendido ni lengua ni literatura salvo cuando hubo que leerse El Quijote que me pilló además en un momento alo rebelde.

Y conste que he llegado a ser la única alumna de clase que ha aprobado literatura en Junio, sí de toda mi clase pero la única vez que la profesora de literatura nos obligó a leernos El Qiujote, yo cateé.

No estaba nada a favor de que me obligaran a leerme lo que no quería, como no me parece serio que lo hagan ahora con mis hijos, la verdad y en ese momento, como sabía que habría una recuperación con otro libro que podría bordar, pues preferí no perder el tiempo con un libro que no me gusta ni me ha gustado nunca.

¿Qué tendría que haber hecho, obligarme a mí misma a que algo que siempre ha sido agradable pasara a ser tedioso a más no poder?¿Qué tengo que hacer, hacer eso mismo con mis hijos?

ElMayor es un lector apasionado de «Greg» y a mí me parece una lectura de lo más banal y anodina, pero no seré yo quien le diga que no se lo lea, al revés, han ido llegando a sus manos todos y cada uno de los ejemplares de la saga, algunos de la biblioteca y otros de la librería más cercana.

Lo que sí hago es abrirle más posibilidades, acercarle a otras lecturas y reconozco que me está costando pero no tiro la toalla.

Con ElCanijo me pasa otra cosa y es que le encanta que le lean pero como él aún no lee fluido pues no se anima a meterle mano a un libro por sí mismo y ahí estamos, adicto a la lectura pero en voz alta y siempre que la haga otro.

Poco a poco espero que abran su mente y su corazón a los libros, sin presiones y sobre todo sin obligaciones pero sin dejar de tener libros a mano, sin dejar de vernos leer a su padre y a mí, sin dejar de descubrir sensaciones e historias.

No se puede ni obligar ni olvidar, leer es simplemente un placer y no quiero que renuncien a él sin ni siquiera haberlo probado.

11 comentarios sobre “Todo lo que leí para amar la lectura”

  1. No creo que haya nada mejor que conseguir que se "enganchen", una vez le cojan el gustillo no lo van a poder dejar nunca. A edades tempranas no es demasiado difícil, obviamente la implicación del progenitor en indispensable. Con mis dos hijas he practicado la siguiente rutina: 1- llenar la casa de libros (esto lo comenzé mucho antes del nacimiento de la mayor) 2-llenarles la habitación de libros, comprarlos con ellos, llevarlos a la librería, que los elijan, que se empapen de la gozada de buscar en las estanterías de libros nuevos. 3. leerles, leerles y leerles,
    y funciona oyes. Gracias por el post. Un abrazo.

  2. Importante es incitar a la lectura desde jóvenes, crear una pasión, entrenamiento, adentrarlos en un mundo desconocido que les encanta conocer.

  3. Totalmente de acuerdo. Todo lo que se convierte en una obligación pasa automáticamente a ser aburrido. Hay que darles libertad…

    1. Ya pero a veces.. esa libertad como no se la dirijamos un poco así.. sutilmente.. con todas las posibilidades y opciones de ocio que tienen a su alcance, puede que no lleguen nunca a abrazar un buen libro.. ¿no te parece?

  4. Yo tengo épocas… y debo decir que soy afortunada ya que ElMayor mío se devora los libros… pero estoy contigo, no se puede obligar, a mi casi que me dejan odiando la lectura con los libros de secundaria que eran todos "obligatorios" hasta que llegó a mis manos El amor en los tiempos del cólera y ahí entendí que leer puede ser muy divertido, así como bien lo describes. Con ElPeque vamos bien, está leyendo todas las noches y creo que ver a su hermano y verme a mi de algo le está sirviendo. Un abrazo

    1. "El amor en los tiempos del colera" me enamoró por completo, es mágica y no me extraña que te enganchara por completo..
      Pues aquí estamos con ElMayor que no termina de engancharse del todo a la buena costumbre de la lectura…

  5. Yo tenía una caja de los cuentos lleniiiita de tebeos ¡en el cuarto de mis padres! Me encantaba ir allí a leer. Me gustó también mucho el ir a la biblioteca del cole, a coger lo que yo quisiese… aunque no fuesen las lecturas más intelectuales de las estanterías.
    Pero odiaba a muerte el que me obligasen a leer cualquier cosa. Aún gustándome el libro, el darme un plazo, hacerme hacer una ficha al final…. pfff Me daba perezón. He leído libros que en clase fui incapaz de terminar, durante el verano, a mi aire ¡y me han encantado! En las lecturas obligadas si podía, me buscaba una versión para niños resumida, o la versión en inglés para principiantes si existía,y listo… en 15 páginas información suficiente para hacer la ficha: argumento, personajes, etc. Todo hecho el último día.
    En casa no obligamos a nada. Hay libros en todos los sitios, y los cuentos los eligen normalmente ellas. Muchas veces en la biblioteca del barrio, otras cuando salimos de compras.

    1. Es que lo de obligar a leer de verdad que no termino de verlo, quizás podría "obligarse" a dedicar unos minutos a la lectura cada día.. pero que elijan siempre el libro ellos y que puedan dejarlo o continuar como quieran y cuanto quieran..
      Como les obliguemos a leer.. los perdemos..

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