Sí que es verdad, hacía tiempo desde la última pero dadas las fechas en las que estamos era inevitable escribirle a él, al señor ministro de educación de nuestro país.

Porque ya tuvieron carta representantes de lo divino y lo humano, la televisión privada de este país y la iglesia católica española.

Se acerca el final del curso y tenía que escribirle también a él, al señor ministro de educación español. Era inevitable. Ha estado tanto tiempo en mis pensamientos durante este curso y los anteriores que lo mejor era ponerlo todo o casi todo en una carta como esta.

Y digo casi todo porque una estudió una carrera, en la universidad pública y con beca los cinco años y aprendió que hay cosas que no se dicen porque está feo, aunque se piensen con mucha fuerza y con muchas ganas y yo las pienso, muy fuerte y mucho rato.

Querido José Ignacio,

Apesadumbrada te escribo ahora que estamos casi en los exámenes finales, bueno yo no que los hice hace tiempo pero mis hijos sí y tú, querido amigo José Ignacio, como señor ministro de educación pues tú también, no nos engañemos.

Mis hijos sí porque están en el colegio, en un centro público, sí hombre, en uno de esos en los que gracias a tus políticas, como se ponga malo un profesor los equipos directivos se ven obligados a jugar al tetris para cubrir los huecos, no sé si me entiendes. 

Sí hombre, en uno de esos colegios en los que no se abren nuevas líneas de infantil aunque las autoridades competentes «se vean obligadas» a animar a los padres a solicitar plaza en el colegio concertado más cercano.

En uno de los miles de centros en los que las becas de comedor llegan con cuentagotas y las de transporte son casi una entelequia, en los que lo de las pizarras digitales se quedó en una buena intención y en los que de libros digitales no hablamos porque nos da la risa floja.

En uno de esos centros ¿te ubicas ya José Ignacio?

No en serio, que es que ya no lo sé, lo de que nos entiendas cuando te decimos lo que no quieres oír. Porque no es normal José Ignacio que
con lo listo que tú eres la hayas liado tan parda en la escuela pública
española ¿o la has liado así precisamente por lo listo que eres? A veces es
que me confundes.

Bueno pues eso, que mis hijos están con el apretón final, que sí que tu y yo sabemos que esto es oficialmente una evaluación continua pero que realmente lo que interesa es el apretón final.

Vamos que la puedes estar cagando durante tres años y medio pero con que los últimos seis meses le pongas interés, pues la gente vuelve a confiar en ti y van y te votan ¡increíble! ¿verdad?

Pues con los exámenes a los niños les pasa prácticamente igual aunque oficialmente digamos todos que no y aunque sea cochinamente injusto en un caso y en el otro.

Pero mira que lo hecho hecho está y tú has sido el único ministro de educación que has conseguido ponernos a todos de acuerdo, padres, madres, profesores, alumnos ¡todos de acuerdo en que no estamos de acuerdo contigo!

Eso es un mérito, un mérito raro pero oye tu mérito.  Te lo has ganado a pulso y eso hay que reconocértelo.

Da igual donde miremos, la educación primaria, la secundaria, la formación profesional, la educación universitaria José Ignacio has sido la reencarnación de Atila en el Ministerio de Educación, una cosa de lo más bárbara lo tuyo y lo de Montse.

No hay nada como poder trabajar con tu pareja ¿verdad?  Cuando uno se lleva bien con su pareja da gusto compartir también el tiempo laboral y oye,
con Edurne pues no pero con Montse se ve que os entendéis… sobre todo porque los demás no conseguimos entenderos al menos cuando habláis de educación pública, así que debe ser que vosotros sí habláis el mismo idioma, pero sólo entre vosotros y supongo que con los demás de tu partido o tus colegas o yo que sé. 

Bueno Jose Ignacio, lo que me queda claro es que tú has debido sacar muy buena nota para tus jefes, porque te vas nada menos que a París a trabajar en la OCDE y casualmente Montse también. ¡Oye qué suerte que os contraten a los dos en el mismo sitio y al mismo tiempo! Eso es porque habéis hecho las cosas bien, como os han pedido que las hicierais, digo yo.

A los niños de la escuela pública y a sus familias los habéis puteado despreciado bastante, nos lo has puesto difícil muchas veces, a los estudiantes de la universidad los habéis puteado expulsado de las aulas en muchas ocasiones por lo de las tasas y esas mamandurrias pero se ve que a ojos de tus jefes lo habéis bordado.  

Y como las próximas elecciones cabe la remota posibilidad de que perdáis cuotas de poder en tu partido digo, pues haces muy bien en afianzar un puesto en el extranjero no vaya a ser que vengan mal dadas y te pongan la cara colorada en tu país.

Además que París es una ciudad preciosa y seguro que en la OCDE se gana una lana y encima como expatriado aún más o ¿cómo lo llamais en tu partido?¿movilidad voluntaria?

Bueno José Ignacio, que mira que te lo pases muy bien, que pasees todo lo que puedas por los Champs Elysées, que disfrutes en el Louvre y que te bebas un buen champagne a la salud de todos los que has dejado sin beca de comedor, sin Erasmus, sin proyectos de investigación, sin beca de libros, sin beca de transporte, sin aulas y sin profesores.

Me refiero obviamente a los alumnos de la pública, a los de la concertada y la privada los has dejado estupendamente pero ¿eso era lo que tenías que hacer verdad? Cuídate hermoso que estás en muy mala edad.  

Un saludo.

4 comentarios sobre “Querido José Ignacio, señor ministro”

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