Puede que sea una de las ciudades más conocidas de Portugal por méritos propios porque Oporto es un destino para ir en familia lleno de historia, de grandes sorpresas y de mucha diversión.

Portugal en general es un país más que apetecible para recorrerlo y sin embargo, como lo tenemos ahí, al ladito, le dedicamos menos tiempo y atención del que se merece.

Nosotros estuvimos el año pasado, así que quizás haya llegado el momento de empezar a contaros nuestras aventuras en tierras lusas. Para ir abriendo boca, hoy os llevo a Oporto, que tiene el encanto decadente de las grandes ciudades portuguesas. Ese encanto que a mí personalmente me gusta aunque no sé por qué me provoca cierta melancolía de un pasado mejor que el presente al que se agarra con todas sus fuerzas.

Como curiosidad os diré que precisamente el nombre del país, Portugal, se cree que probablemente provenga del antiguo nombre de esta ciudad, Oporto que en latín se llamaba «PortusGalliae» (puerto de Galia, porque las naves galas frecuentaban este puerto) o quizás de «PortusCale» (según señala un historiador del siglo V). 

El caso es que la historia de Portugal arranca en Oporto, al menos en lo que a nomenclatura se refiere. Curioso ¿verdad?

Las ciudades con río tienen un encanto especial y si además tienen mar pues el encanto es aún mayor, no sé será cosa del agua y las mareas y esas cosas.

El caso es que pasamos sólo un día en Oporto y obviamente teníamos que coger un barco turístico donde nos fueron contando anécdotas de la ciudad y de su historia mientras lo recorríamos.

Cuando se tiene poco tiempo, hay que dejarse llevar y al menos nos sirvió la experiencia para intuir que Oporto bien merece una visita más larga próximamente.

Y del río a una de las almas de la ciudad: las bodegas.

Tuvimos un recorrido muy interesante por una de ellas, con explicaciones para adultos y para niños, con datos históricos y con una cata posterior que nos descubrió que no todo es igual en una bebida que la verdad, no consumimos habitualmente pero que tiene su encanto.

Cuando se viaja con niños siempre hay que encontrar un momento para descansar, es una necesidad y no sólo para ellos. Pero también hay que encontrar el momento de jugar y de reír.

En una de las calles más turísticas de Oporto nos encontramos con este traje típico con el agujero para que «los modelos» pusieran la carita, aquí podéis ver a ElCanijo que la verdad por una cuestión de tamaño fue al que mejor le quedaba el traje, todo sea dicho.

La arquitectura de las calles se disfruta aún más en uno de los autobuses turísticos de dos plantas y que en la de arriba llevan el techo descubierto.

Sí, hicimos lo más típico del turisteo pero es que a veces es la única forma de que nos cunda cuando tenemos poco tiempo para visitar una ciudad como esta.

Si nos planteáramos recorrerla andando, no nos habría dado tiempo a verla toda aunque fuera un poco por encima.

Por ejemplo, no nos dió tiempo a recorrer la mítica y «harrypotera» librería de la ciudad.

¿Os acordáis de la segunda película cuando Harry y los Wisley se van a comprar los libros y coinciden con el profesor al que da vida Kennet Brannagh que está en plena firma de uno de sus libros?

Bueno pues no es un decorado, es una librería real que se puede visitar y en la que se puede y se debe comprar y que permite que se hagan fotos en su interior solo una hora, por la mañana, para no molestar a los clientes y supongo que a los empleados que pueden estar más que hartos de los fotografos instagrameros que no compran ni un sólo ejemplar de ningún autor.

Así no hay forma de hacer que un negocio funcione por lo que en el fondo entiendo que hayan puesto unas horas para las fotos y además, con ticket de entrada que te descuentan si te llevas un libro.

El día que nosotros fuimos estaba cerrada el día. Esto a unos frikies como nosotros sobre todo yo pues no nos hizo mucha gracia pero bueno, sin duda es un motivo más para volver a recorrer las calles de Oporto más pronto que tarde.

Oporto tiene mucho más que descubrir, que degustar, que recorrer y que disfrutar, como tomar una cerveza (portuguesa, claro) en el puerto mientras escuchas como el virtuosismo musical se expresa a través de las manos de un guitarrista callejero o como tus hijos disfrutan viendo y explotando las enormes pompas de jabón que realiza otro artista o como los chavales de la ciudad se tiran desde uno de los puntos del embarcadero al río, saltando y riendo mientras acaban con el calor.

Pues eso, nos ha quedado claro que tendremos que volver ¿y vosotros?

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