Felicidad de andar por casa: pequeños momentos que dan color a la vida

La vida es como un colador y la
felicidad son momentos
que pasan entre los agujeros de ese colador. 
No es que
me haya puesto poética, es que a veces le pedimos más a nuestra realidad de lo
que ella puede ofrecernos
y se nos pasa disfrutar de esos momentos que se
cuelan por los agujeros, por las rendijas de nuestra rutina, esquivando el
aburrimiento y las prisas.
Podrían ser otro pero seguro que más
de uno y más de dos coincidís en algunos de los pequeños momentos de felicidad
que nos regala un día, un solo día y además, un día cualquiera sin
celebraciones especiales ni regalos inesperados.

08.40: Despertar un día de vacaciones
porque la luz se ha colado por la ventana y no porque haya sonado el
despertador. Sin sobresaltos, sin prisas, sin urgencias, sin reloj y dejando que la pereza se despida de nosotros.
Despertar así es despertar con mejor humor, eso es innegable pero ¿le hacemos
caso suficiente a esa tremenda suerte?
08.50: El agua de la ducha cuando ya
ha alcanzado la temperatura perfecta y cuando cae justo sobre la cabeza, en la
frente, en la línea del pelo, sobre la cara y sobre la cabeza, se escurre por tus párpados y se columpia en tu boca. Es ese momento que
lo inunda todo y ayuda a pensar en nada, sólo en el agua que cae.
9.45: Ponerte a
escribir con lo que queda del café del desayuno después de haber desayunado
juntos. Cada uno va a sus cosas, a jugar, a leer, a entretenerse como le apetece
y tú vas a trabajar un poco, a escribir como cada mañana. Enciendes el
ordenador y mientras se decide a arrancar en lugar de ponerte nerviosa y darte cuenta de lo lento que es ya, te das cuenta de la suerte que tienes de poder seguir juntos, en casa, cada uno en sus cosas pero todos juntos.
11.30: Los besos no se piden, se regalan y de pronto uno de tus hijos se
acuerda de que hace mucho que no te da un beso y te sorprende plantándotelo en
la mejilla, así, por sorpresa y sin avisar como debería ser siempre viniendo de alguien que te quiere y a quien quieres con toda tu alma.
14.00: Hoy has preparado pasta para comer y eso es jugar sobre seguro, es siempre un acierto y un día de estos os tengo que pasar nuestra receta de
carbonara obviamente sin nata. Les encanta, a todos. 
Estamos de vacaciones así
que si uno cocina, los demás recogen después, si eso no es un pequeño placer al que casi nunca le hacemos el caso suficiente, ya me diréis.
16.00: Tarde de piscina, baño, lectura
y helado. Sí, en algún momento puede que los niños discutan o que los “mira
mamá”
sean incontables pero entre medias hay un poco de todo, hay momentos
graciosos incluso en esos “mira mamá”, hay diversión en el agua, hay juegos de mesa en
la toalla, hay instantes para leer en silencio, hay helados deliciosos que dan aún más sed, hay conversaciones… hay un poco
de todo y eso es lo mejor.

23.00: Imaginemos que todos en casa ya duermen y que no hay ni un ruido y escuchas eso mismo: el silencio y te inunda la sensación de tranquilidad que
ellos tienen mientras duermen aunque sea de forma inconsciente. Se sienten seguros y a salvo en casa pero ¿le
hacemos caso suficiente a esa tremenda suerte?

Seguro que a vosotros os salen muchos
más, estos son solo unos pocos, muy pocos de esos pequeños momentos de
felicidad que a veces nos empeñamos en no querer ver del todo. 

Dicen que es un
ejercicio magnífico acostarse cada noche anotando tres de esos momentos durante
unos días, después cinco y pasada una semana o semana y media llegar a los diez
días. Puede parecer que no es fácil pero… todo es proponérselo y ver la vida
desde un punto de vista mucho más positivo ¿lo intentamos?

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