De cartas a estudiantes suspendidos con falta de ganas en escuelas rancias

Suspender clases profesores
Lo confieso, soy una de las miles de
personas que encontramos oportuna y acertada la carta de Pablo Poó a sus
alumnos que han suspendido.
Sí, así os lo digo ¡a bocajarro! como dice mi amiga
Vero que hay que soltar las cosas importantes.
Y también mantengo que el sistema
educativo español es anacrónico, carca y huele a naftalina, que una cosa en mi
modesta opinión no quita certeza a la otra, como también pienso que hay grandes profesores que intentan hacer lo que pueden con lo que tienen, aquí y en muchas
otras partes del mundo. Y eso es bueno, muy bueno.

No es que yo vea un charco y tenga un
tendencia irrefrenable a meterme dentro, de verdad que no y tampoco quería yo
empezar el año con polémica sino más con “flower power” pero estas cosas no se
eligen.

Sí, me encontraba con el video (porque
la carta es en video, que digo yo que Pablo asume que los chavales que han
suspendido lo mismo ganas de leer tienen pocas y yo conozco a alguno que así lo
confirma) y lo colgaba en mi muro de FB después de verlo con ElMayor.
En FB se abrió un interesantísimo
debate con una “amiga de redes” con la que habitualmente siempre estoy de
acuerdo salvo en este caso, si es que sino ¡sería tan aburrido todo Almudena! jejejeje

Coincidencias con Pablo

La vida es una putada, en eso el
profesor tiene razón y es cierto que quizás a un niño de 12 años eso le viene
grande pero a uno de 16 (que legalmente ya puede trabajar) pues ya no tanto y
la Enseñanza Secundaria Obligatoria, va de los 12 a los 16 con todo lo que eso
significa.
“…en una mente abierta es más
complicado entrar, en las mentes cerradas es más sencillo, sólo tienen una
puerta…”
no hace falta añadir nada más y esta sentencia es aplicable a todas
las edades, de los 12 años al infinito y más allá. 

No tienen ni idea de cómo va a ser su
futuro, ni ellos ni sus padres ni sus profesores. Nadie. Ni nuestros
gobernantes, por mucho que pongan pose de que sí. No, no lo saben, no lo sabemos.

También es cierto que no lo hemos sabido nunca pero cuando era yo quien estaba en el instituto se
podía intuir un poco más o menos por donde podían ir los tiros, las
posibilidades, los cambios que podrían llegar. 
Ahora quizás sea todo más
incierto aún si cabe ¿y qué hace ante eso un niño de 12, 13, 14, 15 o 16 años?¿se
deja llevar por la corriente como los peces muertos o se “hipercheta” para
tratar de estar preparado ante las distintas opciones a las que pudiera
enfrentarse? Me parece bastante obvio lo que creo que debería hacer pero lo creo como adulta y como madre, lo que me parece complicado es hacérselo ver a algunos de esos niños.
Y me diréis que las asignaturas que se dan en clase quizás tengan poco protagonismo en su futuro y quizás volváis a
tener razón pero es que estos nos gusten o no: son lentejas.

El sistema educativo huele
a rancio

Eso es una verdad innegable, huele y
se le escapa el tufillo rancio por cada ladrillo de cada instituto de cada
ciudad en la que los estudiantes siguen suspendiendo en gran parte gracias a
que no conectan con este sistema o que el sistema no se plantea conectar con
ellos, esa lectura también me sirve.
En mayo de 2015 le escribía una carta abierta al entonces Ministro de Educación y Cultura, el culpable creador de la ley
Wert, esa ley por la que la escuela pública se sigue desangrando en cada uno de
sus tramos: primaria, secundaria y universitaria. El problema no se ha tratado
para solucionarlo, sino todo lo contrario.
Y mientras sigamos teniendo gobiernos
y gobernantes a los que la escuela pública les importa menos que nada, habrá
que seguir reivindicando lo que es justo pero entre tanto, nos guste o no,
nuestros hijos siguen en las aulas y les toca jugar con estas cartas.
Estas son las cartas (los exámenes,
los terribles libros de texto que a veces seleccionan los claustros de profesores, los trabajos en power point,
las clases magistrales,…) con las que jugar esta partida, la de ahora, la de
los estudiantes que han suspendido en clase de Pablo y en miles de clases de
toda España.
Podemos y debemos tratar de actualizar
el sistema pero mientras ¿cómo demonios hacemos que miles de estudiantes
reaccionen y se impliquen en su propia educación?
Seguro que formas hay muchas e
impedimentos también, los mismos o más pero ¿esto qué es, la decisión personal
de un maestro en un aula?¿hay algo más injusto que plantearlo en estos
términos?¿qué si el alumnado no consigue motivarse es por qué el profesor de
turno no se lo curra lo suficiente?

No soy de cargar las tintas o las
culpabilidades en una sola pata,
no creo que toda la culpa la tengan los
profesores aunque estoy convencida de que tienen una parte, ni pienso que la
responsabilidad sea sólo de los alumnos pero sí, también estoy convencida de que
su parte en algunos casos no quieren asumirla. Por lo que sea, no lo sé.

Falta de madurez, falta de sentido
común, exceso de permisividad en lo que a disciplina se refiere por parte de
los padres, aburrimiento extremo que les impide la concentración y contra el
que no saben o no quieren poner nada de esfuerzo, falta de motivación porque el sistema no sabe dársela y ellos no saben encontrarla. Os juro que no
lo sé y a día de hoy sería uno de los conocimientos que más desearía tener para
aplicármelo a mí la primera, podéis creerme.

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