El 12 de Noviembre ha sido elegido como el día mundial de la obesidad, a ver si así visibilizamos un problema de salud real de la sociedad actual y uno de los factores determinantes para padecer distintas y graves enfermedades a medio plazo.

Y aún así, no sé si es que no nos damos cuenta, no queremos, no sabemos o no podemos porque empiezo a creer a la vista de los datos, que hay un poco de todo.

No hay duda de que la obesidad es uno de los problemas más importantes de la sociedad a nivel global y no solo el día mundial de la obesidad, sino todos los días del año.

Marcar en el calendario un día mundial de la obesidad es un nuevo intento de que tomemos conciencia de este problema cuanto antes porque se está convirtiendo en un lastre tanto para los jóvenes como para su calidad de vida cuando sean adultos.

Sí, según todos los estudios el origen de la obesidad no es uno solo es multifactorial y está influido por factores genéticos, socioeconómicos y ambientales, eso ya está más que demostrado por numerosos estudios y aún seguimos sin trabajar en serio sobre cada uno de ellos ¿por qué?

La difuminada obesidad infantil

Difuminada porque al final nosotros los padres y las madres somos las responsables de reconocer la realidad, de no hablar de «es que está fuerte» o de que «¡ya dará el estirón y perderá esas chichas!» sino de enfrentarnos a un problema antes de que lo sea. Sin obsesiones ni excesos, eso por supuesto.

Desde la más tierna infancia, donde los nutricionistas señalan el problema en el exceso de poteínas de la dieta de los primeros meses de vida en aquellos bebés que no practican lactancia materna. Desde ese momento podemos tratar de organizar nuestra dieta y la de las personas que dependen de nosotros para ganarle la partida a la obesidad.

El 35% de los menores de entre 8 y 16 años tienen exceso de peso aun dentro de unos límites sensatos, de ellos algo más del 20% tiene sobrepeso en distinto grado y un 14% padece de obesidad.

Según publicaba Unicef en su último informe sobre «El estado mundial de la infancia 2019: alimentación y nutrición» la obesidad infantil está relacionada directamente con la clase social y el nivel socioeconómico de las familias españolas.

Los datos de la OMS van por el mismo derrotero, un 27% de la obesidad de los adolescentes europeos en 2014, eran directamente atribuibles a diferencias socioeconómicas.

Ya veis que las cifras y las conclusiones son dolorosas. Resulta que en España ya estamos por encima de Estados Unidos en cuanto a obesidad infantil y como decíamos antes los factores son variados:

  • el ritmo de vida de las familias
  • la mayor introducción en la dieta de los alimentos elaborados
  • la falta de ejercicio físico en la población infantil y juvenil

Es evidente que hay que reeducar a la sociedad pero empezando por los padres y madres de los niños con obesidad.

La Ministra de Educación ha hecho una valoración sobre ese dato en obesidad infantil: “A los niños hay que enseñarles a comer y que hagan más deporte” ha dicho en más de una entrevista, ahora sólo hace falta que desde su ministerio de potencien esas directrices y no sólo en el día mundial de la obesidad.

Es muy lamentable que precisamente los países mediterráneos hayamos abandonado nuestra dieta tradicional y es evidente que lo hemos hecho cuando países como Grecia, Malta, Italia y España son los que tenemos el mayor porcentaje de sobrepeso infantil y adolescente.

De 1975 a 2016 las tasas de sobrepeso en la población de 5 a 19 se han multiplicado por 10 a nivel mundial. De seguir con esta línea en 2022 la población infantil y juvenil con obesidad superará a la que tiene bajo peso en todo el mundo, según datos publicados por Unicef.

Día mundial de la obesidad, cada día

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 65% de la población española tenemos sobre peso. En 1998 esta cifra estaba en torno al 35%.

Nos acercamos a una época complicada en términos de dieta: la Navidad. En las últimas semanas de diciembre la población española aumenta entre 2 y 4 kilos de media por persona, un peso que según los especialistas, no se pierde hasta el mes de septiembre del año que viene, si es que se consigue perder.

Pequeños cambios para grandes resultados

No, milagros en este tema no hay ni aunque se acerque la Navidad. Se trata de ir haciendo cambios en nuestra forma de relacionarnos con la comida, en nuestra dieta.

Pequeños cambios que se van asumiendo poco a poco y que vayan formando parte de nuestra rutina para que así repercutan positivamente en nuestra salud porque no sólo se trata de perder peso, eso es la punta del iceberg.

  • Empecemos por ir cocinando más los alimentos al vapor, al horno y a la plancha. Que sean los más frecuentes en nuestros menús.
  • Hay que dejar de comprar bollería industrial y productos hipercalóricos con la frecuencia con la que se están comprando actualmente y pensando en las supuestas bondades de esos productos que nos vende su publicidad.
  • Debemos reducir los azúcares añadidos, la sal y las grasas saturadas que contienen los alimentos procesados.
  • Hay que regular la publicidad de este tipo de comida procesada que se dirige de una forma directa a la población infantil, con campañas agresivas como las que relacionan estos productos con juguetes.
  • Inevitablemente hay que reeducar a los padres y a las madres para volver a comer o cenar o desayunar en familia porque se sabe que este abandono ha sido uno de los factores claves para el aumento de la tasa de obesidad.
  • Pequeños gestos que hay que cambiar por ejemplo es dejar de pedir el famoso menú infantil de algunos restaurantes, no es sano, no tiene la calidad que debería y no ayuda a educar el paladar de los más pequeños.
  • Cocinar en casa al menos un día a la semana, cocinar entre todos o por lo menos implicar a los más pequeños puede ser más cansado pero es una inversión en su salud presente y futura.

Ojalá el año que viene, cuando llegue el día mundial de la obesidad podamos hablar de lo que hemos conseguido reducir las tremendas cifras de este año ¿os apuntáis al reto?