Mañana es el día mundial de la televisión pero la televisión es que ya no es lo que era, ella ha cambiado y nosotros con ella o ella nos ha cambiado ¿o hemos sido nosotros los que la hemos obligado a cambiar?

Es una presencia constante y poderosa en nuestros hogares, para muchos es casi una más de la familia. Hablamos de televisión, de lo que vemos y de cómo lo vemos ¿os parece o vais a cambiar de canal?

Ese momento en el que tu hijo pequeño te pregunta algo así como «¿ah, pero cuando tu eras una niña había televisión?» y le miras con una mezcla entre indignación y resignación, casi a partes iguales.

Sí, una ya tiene una edad y sí, es evidente que cuando yo era niña había televisión pero era en blanco y negro. Aunque ya había una en cada casa, no hacía falta ir a casa de nadie para ver la tele, lo del color tardó algunos añitos en llegar a mi infancia.

Y ahora… ¡madre mía!

Ha habido una revolución en el mundo audiovisual en los últimos cuarenta años de la que no hemos sido muy conscientes.

Hemos ido asumiendo los cambios sin pestañear y nos encontramos con que la televisión ya no es un aparato, es casi un concepto de ocio, tener un día mundial de la televisión en estos momentos es casi un anacronismo porque ha cambiado tanto todo que casi ni nos reconocemos.

Dia mundial de la televisión

No sé si será necesario celebrarla o reivindicarla como pasa con otros días mundiales de otras muchas cosas, lo que es innegable es que para muchos es una excusa para la nostalgia.

La importancia y el protagonismo que le hemos dado a este aparato y a lo que nos ofrecía desde que nació o desde que nacimos es innegable. Había un altar en el aparador al que toda la familia miraba y escuchaba, era el televisor.

Lo que es cierto es que era una forma de que todos nos reuniéramos en una habitación de la casa cuando emitían un partido de fútbol, el «Un, Dos, Tres», «Verano Azul» o el sorteo de la lotería de Navidad. Ahora ya no.

Ya no hay adoración por el aparato, ahora vemos en otros dispositivos lo que antes nos ofrecía el televisor. Ya no hay que cuadrar horarios para verlo, ya no son productos efímeros, ahora los ves cuando mejor te viene porque están ahí, esperándote ellos a tí y no al revés.

De hecho, hay casas en las que ya no hay televisores convencionales. La tablet le ha comido el terreno por comodidad, por practicidad y por precio.

Sin embargo sí que hay algo que sigue mantiendo como efímeros esos contenidos. Ya no se trata de verlos tal día a tal hora, es verdad, ahora es más cómodo y más apetecible y sin embargo ahora nada es nuestro, todo está en el aire, en la nube.

Pagamos por unos servicios a unas plataformas y son ellas las que deciden cuando caducan sus productos sin consultarnos, ni pinchamos ni cortamos.

No son tus series o tus películas, son las suyas y ellos ponen la fecha en la que dejan de aparecer en tu pantalla y da igual que sigas pagando religiosamente Netflix, HBO o Amazon Prime, la parrilla es suya y sólo suya.

Está claro que eso nos hace ser de otro modo, consumimos productos audiovisuales como consumimos pañuelos de papel.

Una vez y quizás como mucho otra más pero es en escasas ocasiones, porque llega un amigo que no la ha visto o porque tenemos la sensación de que se nos quedaron mensajes sin procesar por completo.

Consumimos compulsivamente porque la oferta es inmensa, es una ola de series y películas que no se acaba nunca y que en general, cada vez se producen mejor: más calidad técnica y más trabajo en los guiones y las tramas.

Como decían hace unos días algunos de los creadores de series más importantes de nuestros país, la ficción nacional «está en un extraordinario estado de forma» .

Y es que no hay más que ver las cifras de audiencia a nivel mundial de series 100% españolas e incluso algunas con algo menos de tirón en nuestro país y que sin embargo encuentran una acogida fuera que las encumbra.

Quizás sí sea bueno que haya un dia mundial de la televisión para obligarnos a apagarla más frecuentemente, para dejar de mirar nuestras vidas pasar por delante de esa pantalla o de cualquier otra, para consumirla con más moderación y más exigencia ¿por qué no?

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