No me gusta lo de nativos digitales porque no es verdad. Sí, los adolescentes han nacido en la era digital pero como en otras áreas hay que enseñarles a usar las pantallas e incluso a dejar de usarlas para que no vivan su adolescencia a través de la pantalla de un dispositivo, pero parece que los adultos no terminamos de darnos cuenta de la complicada relación de pantallas y adolescentes.

Sobre todo, no nos damos cuenta de que esa es nuestra responsabilidad como madres y padres de estos adolescentes que disponen de smartphone, de pc y de tablet antes casi de saber expresarse oralmente.

Es innegable que la rapidez con la que se ha extendido la tecnología de la información nos ha pillado a todos aprendiendo sobre la marcha.

Y como es lógico los adolescentes, los jóvenes, los niños, la han incorporado a su día a día de una forma más fluida que nosotros, los adultos.

En torno al 70% de los niños de entre 10 y 15 años tienen un smartphone, es decir, prácticamente todos los adolescentes usan a diario internet de un modo u otro. El problema es cuando ese uso empieza a ser extremo presentando conductas que muestran un problema.

Pantallas y adolescentes

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) hay que tomar medidas porque hablamos de «situaciones de dependencia» en algunos casos y de trastornos derivados de un uso compulsivo, repetitivo y prolongado.

Un comportamiento que se traduce en que el adolescente es incapaz de controlar o interrumpir su consumo y esto tiene consecuencias sobre la salud, sobre su vida social, su vida familiar y su vida escolar o laboral.

Pantallas y adolescentes pueden formar un binomio positivo pero también algo menos bueno y en una etapa del desarrollo de nuestros hijos muy complicada.

En España las cifras son contundentes, el 20% de los adolescentes de entre 14 a 25 años sufre trastornos del comportamiento por culpa de la importancia que la tecnología tiene en sus vidas.

Hablamos de problemas relacionados con el estrés, de la pérdida de capacidad de concentración, del incremento de la impaciencia y la irritación.

Hablamos de dolores de cabeza, de malestar estomacal, de dolores de espalda, de dificultad para conciliar el sueño, de miopías precoces, de sedentarismo.

El dilema del mundo online

Pantallas y adolescentes pueden ser amigos o generar situaciones más o menos complicadas.

Desde el peligro de hablar con desconocidos al ciberacoso, lo que deberíamos tener claro es que una cosa es independencia y otra distinta abandono.

Kasperky ha publicado hace sólo unas semanas un estudio en el que señala que algunos progenitores prefieren establecer medidas de seguridad, prohibiciones, en lugar de confiar en el criterio de sus hijos.

Algo así como ponerle puertas al campo aunque es cierto que por otra parte, los niños españoles de entre siete y doce años acceden a muchos de los servicios digitales que usan sus padres y quizás, por una cuestión de edad y de madurez, no deberían.

También hay padres y madres que prefieren mantener una comunicación que eduque a sus hijos sobre los posibles peligros y así un 54% de los padres españoles con hijos entre 7 y 12 años dice confiar en que ellos mismos se autorregulen el tiempo que pasan en la red.

Autorregulación del tiempo de uso y de los contenidos a los que acceden ¿será suficiente la educación recibida y la madurez que muestren estos niños? Seguro que en muchos casos sí lo será.

Más de la mitad de las madres y padres españoles consideran que sus hijos son conscientes de los riesgos y los peligros que existen en la red y de cómo evitarlos. Un poco menos de la mitad, un 45%, revisa los dispositivos de sus hijos de distintas maneras y más de la mitad, el 61% fija límites de tiempo para el uso de dispositivos conectados a internet por parte de sus hijos.

Eso no es incompatible con charlar abiertamente con ellos sobre cómo mantenerse seguros cuando navegan por internet, cómo distinguir situaciones de riesgo y cómo actuar en esos casos.

Trabajar la prevención

España es el país europeo que más navega por Internet, casi el 90% de la población utilizamos la red frecuentemente y por supuesto, muchos son niños.

El uso de smartphone está generalizado en la población de 14 años y a partir de ahí la convivencia con uno es inevitable.

Lo que no queda tan claro es que los menores españoles estén recibiendo una buena educación para usar la red con sensatez y seguridad.

Según Unicef los jóvenes son el grupo de edad más conectado del mundo y al mismo tiempo son el grupo más vulnerable a sufrir acoso en la red.

¿Qué podemos hacer como padres, como adultos esta realidad de pantallas y adolescentes?

  • Hablar con ellos y demostrarle que la información en internet no es privada que aunque ahora no sean conscientes, lo que cuelgan en sus redes sociales les puede perseguir durante años.
  • Enseñarles a que no se comparten datos personales como edad, dirección, teléfono,…
  • El ordenador, la tablet o el dispositivo que empleen para acceder a internet debe estar en una zona común de la casa.
  • Sí, nos toca establecer horarios y tiempos para navegar porque el uso excesivo de esto como de cualquier otra opción puede ser negativo para ellos.
  • Hay seguros del hogar que tienen una garantía de asistencia informática que quizás nos pueda ser de utilidad.
  • Debemos consultar el historial de navegación y si consideramos que es necesario, restringir el acceso a algunas webs.
  • Actualizar los sistemas de seguridad y los sistemas operativos de los dispositivos que utilizamos.
  • Conocer las aplicaciones que se instalan en los dispositivos de nuestros hijos
  • Cambiar las contraseñas de acceso de los dispositivos con cierta frecuencia, algo que no hace el 80% de los españoles según muestran algunos estudios de empresas del sector, y no utilizar la misma para todos los servicios o dispositivos.

No es fácil, nosotros estamos aprendiendo al mismo tiempo que ellos pero no podemos olvidarnos de que protegerlos es nuestra obligación, incluso en un entorno como este. Pantallas y adolescentes son inseparables pero no tiene por qué ser algo negativo si tomamos medidas.