Llega el día internacional de la educación y estamos saturados de propuestas peregrinas de grupos políticos trasnochados que demuestran cada día que buscan más los titulares que cualquier otra cosa.

¡Con todo lo que se podría hacer para mejorar la educación primaria, secundaria, obligatoria y superior en nuestro país!

Gente seria y comprometida como la que trabaja en UNICEF presentaban estos días en Davos la necesidad de lo que podríamos definir como un «pin» inversor.

Fuera bromas, desde UNICEF definían como «vergonzosas» las desigualdades de gasto público en educación entre distintos países. Y fueron muy diplomáticos como es habitual en ellos.

Es sangrante la diferencia entre países e insultante la distinta inversión que se hace en educación en cada una de las autonomías de nuestro país que en última instancia son las responsables de la buena salud de la educación de sus ciudadanos ya que tienen desde hace años transferidas las competencias educativas.

Educación con mayúsculas

Nos inquietamos con la primera tontería que salta a los medios por parte de los gabinetes de comunicación de partidos y empresas. Sin embargo seguimos sin ver el problema o al menos, sin tomar medidas que funcionen realmente.

No hablamos de la educación con mayúsculas aunque es ahí donde podemos cambiar la perspectiva y hacer que en este país la calidad de la enseñanza se coloque donde se merecen, sobre todo, las nuevas generaciones.

Nos preocupa lo que hablan en clase pero no cómo se pueden explicar materias en clases obsoletas y masificadas donde el valor principal es la buena intención y profesionalidad de profesorado.

Nos inquieta pensar en lo que van a enseñar a nuestros hijos profesionales de la educación que se reúnen para tomar decisiones en un claustro y que siguen las directrices que marca cada consejería. Pero no le damos la importancia que deberíamos a que se desvíe dinero público a centros educativos que segregan por género con lo que eso implica.

No nos planteamos si la educación que reciben nuestros hijos está a la altura de las expectativas de futuro que tienen derecho a tener. No lo pensamos si quiera, no caemos en la cuenta que la educación actual debería ser mucho más ambiciosa y mucho más audaz de lo que es porque está preparando a niños para un futuro mucho más incierto que el nuestro.

Nos sentimos cómodos cuando hablamos de nuevas tecnologías en el aula y vemos a nuestros hijos trabajar con la tablet. Y está bien, está muy bien pero nos estamos quedando tan cortos que damos un poco de pena si nos miráramos desde fuera.

Señalan la luna con el dedo y nosotros, los adultos, los sensatos y coherentes, nos quedamos mirando el dedo como tontos.

Hablamos de educación hoy por ser el día internacional y mañana cuando algún otro partido político vuelva a buscar protagonismo mintiendo sobre clases de sexo que no existen en centros que no están en nuestro país pero da igual porque de educación parece que andan muy escasos y nosotros también que les seguimos el juego.