No hay forma de que se vayan a dormir y después están medio muertos de sueño por las mañanas. El perfil general es que los adolescentes tienen falta de sueño, les faltan horas, duermen poco y eso se les nota y no sólo en la mirada.

Por lo visto según todos los médicos y científicos, un adolescente debería dormir entre ocho y diez horas cada noche pero sin embargo, al 93,5% no llega ni siquiera a las siete horas diarias. Es evidente que los adolescentes tienen falta de sueño y que de alguna manera tenemos que solucionarlo entre todos.

El cronotipo, algo así como el reloj interior que tenemos todos, se va haciendo cada vez más nocturno durante los años que dura la adolescencia. Les cuesta más irse a la cama y les cuesta coger el sueño.

Cuando eran niños podrían acostarse sobre las nueve de la noche sin poner muchos problemas, leíamos un cuento juntos y se dormían a los pocos minutos. Ahora no, poco a poco su reloj interior les permite estar más activados por las tardes y cerca de la noche.

De hecho, hasta que no pase la adolescencia el cronotipo va a seguir dando guerra a la hora de conciliar el sueño.

Falta de sueño

La luz parece que puede ayudar a modificar el cronotipo. Si el adolescente se expone a la luz brillante por la mañana se irá volviendo poco a poco más matutino pero siempre que no emplee esa misma luz por la noche.

¿Os acordáis de cuando eráis vosotras las adolescentes y os despertaban vuestras madres dando la luz principal de la habitación y abriendo de golpe la persiana?¿Pensabais que lo hacían con mala intención? ¡Para nada! Estaban tratando de reorganizar nuestro cronotipo, así que habrá que ir aplicando sus sabias enseñanzas a nuestros hijos adolescentes.

Bromas aparte lo que es cierto es que madrugar no les va bien, no lo llevan nada bien, les cuesta. Ya, a los adultos, a algunos sobre todo, también nos cuesta pero a ellos quizás un poco más aunque no por ello vayan a dejar de hacerlo como es lógico.

Por la noche luz cálida y suave en su habitación, lo justo para leer un libro en papel o como mucho en e-reader pero nada de pantallas de consolas o tablets si queremos que de verdad duerman las horas que su cuerpo necesita.

Porque tendrán mucha estatura, mucha envergadura y mucho más cuerpo que cuando eran niños pero su cerebro está en pleno proceso de cambio y sigue siendo en muchos aspectos el cerebro de un niño.

Si madrugar no les va bien lo de no dormir lo suficiente les va aún peor. No dormir el tiempo que necesitan lleva aparejada una disminución del rendimiento cognitivo, se relaciona con riesgos de obesidad y de depresión.

La adolescencia es el momento biológico en el que la predisposición al desorden es total aunque seguro que hay honrosas excepciones que lamentablemente no viven en mi casa.

La habitación de los adolescentes muchas veces es un «campo de minas» pero dejando a un lado el tema del desorden, deberíamos no permitir que en su habitación entre: el móvil, el ordenador o la tablet porque son dispositivos cuya luz dificulta que concilien el sueño y que organicen su cronotipo para abandonar la actividad nocturna y despertar con menos sufrimiento por las mañanas.

  • Nota de la autora: Las fotos de los dormitorios que hay en este post son del catálogo de IKEA 2020 y ya me gustaría a mi que estuvieran siempre igual de ordenadas las habitaciones de mis adolescentes…