Estamos encerrados en casa desde hace días y nos quedan aún días por delante así que llega el momento: nosotros nos comemos la cuarentena para que ella no nos coma a nosotros.

Con un poco de sentido común y algunas ideas como estas, nos comemos la cuarentena y nos aseguramos de que cuando esto termine, cuando volvamos a salir a la calle, estemos sanos por dentro y por fuera.

No, no te voy a dar pautas de alimentación, ni menús equilibrados, ni recetas de cocina porque hay miles de webs que se han puesto las pilas para echarnos una mano en los fogones.

No, nosotros nos comemos la cuarentena, nos organizamos y tratamos de salir lo menos posible a comprar lo imprescindible con unas pequeñas pautas a tener en cuenta.

Ideas y sentido común, poco más que añadir.

Nos comemos la cuarentena

Y lo hacemos con un poquito de sensatez que puede que esta situación vaya para largo.

Lo primero es salir a hacer la compra de alimentación las menos veces posibles, cuanto más tiempo estemos en casa menos tiempo estaremos en casa.

Planificación de menús y una lista de las cosas que hay que comprar, antes de salir de casa son dos herramientas imprescindibles estos días.

Tenemos más o menos claros los menús para una o incluso dos semanas, así que nos comemos la cuarentena y compramos con cabeza, sin excesos y sin dejarnos llevar por el impulso.

Es más que conveniente que reforcemos nuestro sistema inmunitario así que las frutas, las verduras e incluso los frutos secos tienen hueco en nuestro carro y en nuestra nevera.

El estrés (ese lo tenemos estos días un poco disparado), la ansiedad (más de lo mismo) y la falta de ejercicio junto a la alimentación, afectan a nuestros sistema inmune y tenemos que mimarlo estos días más que nunca.

Dos raciones de verdura diaria y dos o tres piezas de fruta al día sería lo óptimo y asumiendo que no todos los días lo conseguiremos por lo menos nos acercaremos todo lo que podamos.

Pequeños cambios, sutiles pueden ayudarnos mucho. Por ejemplo, algo a lo que no le damos demasiada importancia es a la reducción de la cantidad de comida que ingerimos.

No se trata de que nadie pase hambre sino de disminuir un poco, sólo un poco, nuestras cantidades habituales de comida, lo que ponemos en nuestro plato.

Y hablar de alimentación saludable implica hablar también de hidratación saludable, algo que demasiadas veces parece que se nos olvida. La bebida es una fuente importante de calorías vacías y puede no ser lo mejor en esta situación.

El agua debe seguir siendo la bebida más frecuente en nuestra rutina, en nuestro día a día.

Además sería ideal poder hacer 30 minutos de ejercicio al día y no es por nada pero no será por falta de tiempo ¿no?

Una actividad física suave nos ayuda a reducir los niveles de estrés y ansiedad y así también se fortalece el sistema inmune al mismo tiempo que de disminuye la denominada «hambre emocional».

Algo que también ayuda más de lo que pensamos es hacer meditaciones o relajaciones una vez al día.

¿Qué debemos comprar?

Manzanas, peras, caquis, cítricos en general para comer preferiblemente enteros antes que en zumo.

Coles, escarolas, apio, calabaza, puerros, acelgas, espinacas, zanahorias e incluso frutos secos que nos aporten grasas cardiosaludables, proteínas vegetales e hidratos de carbono. Tenemos que ponernos un límite eso sí y no pasar los 20 gramos de frutos secos al día porque también son una importante fuente de calorías.

Es muy necesario eliminar en la medida de lo posible las grasas saturadas, los alimentos ricos en azúcares y otros refinados.

El aporte proteico de las legumbres siempre es muy interesante y no estaría nada mal que se hicieran hueco en nuestra cesta los alimentos integrales porque son más nutritivos y reducen la sensación de ansiedad física. Ya sabéis, esa sensación de hambre que no termina de irse nunca.

No es ninguna tontería buscar recetas nuevas o por lo menos distintas porque supone una distracción para nuestro cerebro y llevarlas a cabo hará que nos sintamos satisfechos con nosotros mismos. Estos pequeños triunfos en esta situación nos van a saber a gloria.

Nos comemos la cuarentena y compramos alimentos que se puedan conservar durante semanas o incluso durante meses.

Congelar la verdura que compremos es una opción muy práctica y muy sensata para tener una despensa equilibrada y para salir a la compra lo menos posible.

Nos comemos la cuarentena: congelándola

Para congelar la verdura lo más recomendable en la mayoría de los casos es que cortemos y troceemos las piezas, por una cuestión de maximizar el espacio del que disponemos en el congelador y porque de este modo podemos controlar mucho mejor las raciones a la hora de cocinar y comer.

Por si no lo sabías, es muy conveniente que algunas verduras antes de congelarlas las escaldes primero para fijar sus nutrientes e incluso para prevenir posibles contaminaciones.

Mediante el escaldado vamos a inactivar unas encimas que mantienen su actividad incluso a temperaturas de congelación y que pueden provocar sabores y olores anómalos.

El escaldado es un proceso sencillo: se sumerge el producto en agua hirviendo de uno a tres minutos, se saca y se sumerge en agua muy fría para romper esa cocción, se saca y se seca a conciencia y ya está listo para ser congelado.

Para consumir las verduras congeladas no es necesarios descongelarlas antes de cocinarlas.

Para congelarlas la mejor forma de envasado es al vacío pero las bolsas herméticas también son una solución muy buena teniendo la precaución de sacar todo el aire que sea posible y cerrarlas completamente.

Una opción barata pero algo más voluminosa son los frascos de cierre hermético. Es importante lavarlos bien antes de usarlos y dejar un margen de un dedo entre la verdura del interior y la tapa del frasco.

Sí, las frutas también se pueden congelar. Lo mejor es pelarlas y cortarlas en trozos para después poder usarlas en preparaciones y elaboraciones.

Siempre hay que tener muy en cuenta que el periodo máximo de mantenimiento de los alimentos congelados oscila entre los ocho y los doce meses, por eso es conveniente anotar la fecha de congelación.

Con todas estas propuestas y teniendo en cuenta lo mucho que nos ayuda mantener más o menos unos horarios en casa, seguro que este periodo lo sobrellevamos mejor de lo que habíamos imaginado aunque no, nadie dijo que fuera fácil, eso tampoco debemos olvidarlo.