Lo de volver de vacaciones siempre es menos duro si te planteas a corto plazo una pequeña excursión. ¿Conocéis Rascafría? Pues nosotros no la conocíamos hasta hace sólo unos días y la verdad es que nos encantó descubrirla, de hecho seguro que volveremos el verano próximo y lo mismo nos encontramos por allí después de que leáis lo que descubrimos en Rascafría ¡atentos que nos vamos!

Pues sí, volver de vacaciones y hacer una excursión siempre es una buena idea para ir cogiendo el ritmo y ya si puedes alargar la excursión y hacer una escapada de fin de semana sin duda es aún mejor pero esa la dejamos para más adelante.

Hoy para ir volviendo poco a poco a la rutina (cuando se pueda..) nos vamos a dar un paseo por la sierra de Madrid, por uno de esos pueblos que está cargado de encanto por muchos y diversos motivos.

Rascafría es un municipio más bien pequeño de la sierra noroeste de la Comunidad de Madrid que está situado en el Valle del Lozoya. No llega a los 2.000 habitantes empadronados pero la población flotante de las vacaciones y los fines de semana es mucho más grande sin duda.

Rascafría tiene una arquitectura peculiar, propia de la zona, se aprecia en sus casas de piedra tan típicas de la sierra de Guadarrama en la Comunidad de Madrid.

En la foto podéis ver el actual ayuntamiento del municipio, ubicado en las antiguas escuelas donde aún pueden leerse los carteles que indicaban qué lado era el de las niñas y cuál el de los niños, eran otros tiempos aunque no haya pasado tanto tiempo en realidad.

En su término municipal está el Parque Natural de Peñalara y el Arboreto Giner de los Ríos, confieso que en este último no llegamos a entrar por falta de tiempo así que lo tenemos en la lista de «pendientes» para nuestra próxima visita a Rascafría.

En el Parque Natural, la primavera es un regalo y estuvimos caminando hasta la Laguna de Peñalara, donde los niños alucinan con la nieve a esas alturas del año.

Es un paseo genial y sí, lo de comerse después un bocata junto al lago y descansar un poco allí mismo es un lujo de los que merece la pena vivirse, de los que quizás apreciamos más después de haber estado tantos días encerrados en casa ¿no os parece?

Otro de los ligares que hay que visitar es el Monasterio del Paular, justo a la entrada del pueblo.

Se trata de uno de los monasterios más importantes de la zona norte de la Comunidad de Madrid. Visto desde fuera tiene un exterior sobrio que no se corresponde con el boato del interior, sobre todo el exceso de «la sala transparente» que queda bien lejos de la austeridad monacal.

Tuvimos la suerte de poder hacer una de las visitas guiadas que programa el propio monasterio y un hermano benedictino nos fue explicando las corrientes artísticas de los retablos, las capillas, los artistas que trabajaron en ellas, los materiales e incluso la dieta que a día de hoy siguen allí los monjes.

Sí, es que la parada en el comedor creo que fue la más curiosa de toda la visita, sobre todo para los más jóvenes. Se ve que nos gusta mucho el arte pero nos gustan más las anécdotas y las curiosidades del día a día.

La Cartuja de El Paular se fundó en el S.XIV justo al pie del macizo de Peñalara, entre bosques de pinos y robles, un lugar donde encontrar la paz no es algo complicado desde luego.

Su nombre completo es el de Monasterio de Santa María de El Paular y exactamente se empezaba a construir en el año 1.390. Actualmente es una abadía de la orden benedictina y en su momento fue la primera cartuja del reino de Castilla, cuando aún España no existía como la conocemos hoy.

De verdad que es muy interesante recorrerla con un guía que os vaya contando todo esto y mucho más y que os muestre las obras góticas y barrocas que guarda en su interior la cartuja de El Paular de Rascafría.

Después de comer en alguno de los restaurantes más típicos del pueblo o en la pradera de la laguna de Peñalara lo que hayamos llevado de casa como decíamos antes, podemos ir a dar un paseo para bajar la comida en el entorno de Las Presillas.

Un entorno natural por el que pasear y en el que descansar tranquilamente siempre y cuando los niños no decidan que es es el momento de jugar con palos y piedras a la orilla de las presas. Sobre todo si hace fresco y no habéis llevado ropa para que se cambien.

Un paseo, un descanso tranquilo en alguno de los bancos. un momento para respirar en plena naturaleza.

Volvemos a casa comentando las aventuras del día y nos queda claro que las escapadas post-vacacionales son altamente recomendables para retomar la rutina con buen pie.

Ya estamos pensando en la siguiente y eso siempre nos hace sonreír.

  • Nota de la Autora: 2020 es un año muy peculiar en el que todos estamos tomando consciencia de muchas cosas, entre otras que tenemos un montón de sitios en nuestro país a los que viajar, lugares a los que volver o ciudades que descubrir. 2020 es el año perfecto para hacer turismo «sin salir de casa», ya me entendéis y eso es lo que vamos a hacer con estos posts. Espero que os inspiren y os animen cuando salgamos.

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