Bien, los niños pequeños ya pueden salir a dar una vuelta a la calle con un adulto cada día pero ¿los adolescentes confinados cómo están? ¿No tenéis la sensación de que hablamos poco de ellos en unas circunstancias tan atípicas para todos como estas?

Leyendo una entrevista, muy interesante por cierto, que le hacían a Nando López hace unos días en el suplemento cultural de El País decía esto: «Se habla de la infancia, pero no de la adolescencia: son los grandes olvidados. Y siento que tampoco en esta ocasión los estamos tratando como ciudadanos de primera, sino con una desidia injusta e inmerecida.»

Certero, como siempre. Pensando en el adolescente que tengo en casa coincidí plenamente con su visión de que no les estamos tratando o valorando sus necesidades como quizás se merezcan.

Es innegable que la adolescencia es una etapa que se complica para el propio adolescente y para el resto de los miembros de la familia que convivimos juntos.

La autonomía, la independencia o la sensación de ella y la distancia del adulto resultan muy importantes y eso justo es lo que han perdido durante todos estos días de cuarentena y los que nos quedan.

¿Cómo colaborar con los adolescentes confinados?

Como colaborar con ellos y al mismo tiempo con los demás miembros de la familia, es innegable.

La búsqueda de cierto equilibrio entre las normas de la casa y un poco de flexibilidad en cuanto a los espacios y los tiempos, es algo imprescindible si queremos que todo fluya más o menos tranquilo para todos.

El corto plazo, la inmediatez y la importancia que tienen las relaciones entre iguales, los amigos, son factores muy propios de esta etapa y ahora parece que todo se ha detenido y eso, eso es algo que no se entiende fácilmente.

Además, a este parálisis generalizado hay que sumarle la sensación propia de esta etapa de poder con todo y de que a ellos hay cosas que no les pasan. Toca explicarles qué estamos viviendo, para que puedan entender su propia vulnerabilidad sin que eso coarte sus expectativas. No, nadie dijo que fuera fácil.

Nos toca tirar de información, no imponer nuestro criterio sino demostrar que los datos son los que son y que por eso todos, incluidos ellos por su puesto, debemos ser lo suficientemente responsables.

Los días se llenan de tiempo delante de las pantallas: para estudiar, para recibir las clases on line, para entretenerse. Están en la edad de recibir información también por estos medios y es muy bueno que esa información la reciban con nosotros, para poder ayudarles a entender lo que realmente está sucediendo fuera de nuestros hogares.

Y en lo que se refiere a lo que sucede dentro de nuestros hogares no debemos olvidar hacerles partícipes de las tareas de la casa. Es bueno que organicen su tiempo y que participen del trabajo en común, además de buscar tiempo para ver una película juntos o realizar algún tipo de actividad en grupo.

Sentimientos a flor de piel

Es normal que se sientan frustrados por estar viviendo una situación que nos les parezca justa. No lo es, ni para ellos ni para nadie pero es la que toca.

Es bueno decirles que sabemos que no es justo y también es bueno que no les digamos lo que tienen que sentir ni cómo tienen que afrontarlo, necesitan sus tiempos y sus propios procesos.

Es bueno que organicemos las tareas en casa como decíamos antes, que organicen sus tiempos de estudio y que hablemos de unas pautas de consumo y de hábitos saludables.

Es importante para cualquier adolescente pero más para adolescentes confinados, poder mantener contacto con sus amigos, compañeros y conocidos. Los dispositivos móviles y las redes sociales son sus aliados, siempre con sentido común por su parte.

Todos necesitamos nuestros momentos, nuestros tiempos y nuestro espacio y ellos no son una excepción ni muchísimo menos.

Importante: conversar de forma fluida y más o menos espontánea sobre lo que está ocurriendo. Que no se aíslen de la realidad aunque a ellos no les afecte directamente, que sepan lo que está pasando y que opinen libremente sobre ello en una conversación con nosotros.

La conversación nos va a ayudar a todos y nos va ayudar a acercarnos también, ahora y cuando esto termine.

Cuando esto termine y nuestros adolescentes confinados dejen de estarlo, habrá que asumir la nueva normalidad a la que nos vamos a enfrentar y será bueno, muy bueno, que lo hayamos ido hablando antes, mientras estábamos en casa, mientras teníamos más tiempo para hablar del que habíamos tenido nunca.