Silenciosa pero muy evidente, tanto que es casi imposible que no nos estemos dando cuenta del índice de obesidad infantil que tenemos en nuestro país, en nuestros hogares y que no tomemos medidas al respecto cuando sabemos cómo va a repercutir eso en la salud de nuestros hijos. En su salud actual y en la que padezcan o disfruten cuando sean adultos.

Un 43% de los niños y niñas españolas tienen obesidad o sobrepeso, según datos publicados por el Ministerio de Sanidad español, datos oficiales y datos que deberían hacer saltar todas las alarmas.

Es innegable que muchos de estos niños y niñas con obesidad infantil serán adultos obesos o con sobrepeso que padecerán problemas de salud cada vez de mayor importancia, cada vez más graves y que cada vez harán peor su calidad de vida.

España es el país europeo con mayores tasas de obesidad infantil. El país de la dieta mediterránea se encuentra en los puestos más altos de este vergonzoso ránking pero ¿por qué?¿qué está pasando?¿dónde estamos fallando todos?

Sin restar ni un ápice de la responsabilidad que tenemos como padres, hay dos factores que no ayudan nada a que la obesidad infantil deje de ser un problema. Por un lado están los comedores escolares y por otro lado el ocio de nuestros hijos. Vamos a verlo al detalle.

La obesidad infantil en el colegio

Un 34% de los alumnos españoles de entre cero y 12 años comen en comedores escolares, hablamos de más de un millón y medio de niños que durante cinco días a la semana come en su colegio.

Parece evidente que como padres y madres estamos en la obligación de exigir un menú más sano y equilibrado para todos estos niños.

Un menú donde no haya ultraprocesados, donde predominen las frutas, las verduras y las proteínas de calidad. Un menú que fomente la alimentación sana y equilibrada para reforzar unos buenos hábitos de cara al futuro.

Actualmente los productos ultraprocesados (que no podemos considerar alimentos o no deberíamos) en demasiadas ocasiones se han convertido en algo habitual en el plato de nuestros hijos.

Deberíamos reducirlos muchísimo más hasta convertirlos en una anécdota en el conjunto de nuestra alimentación y no sólo la de nuestros hijos sino la de toda la familia, adultos incluidos.

Embutidos, carnes procesadas, golosinas y bebidas azucaradas no son lo mejor que podemos poner en nuestra mesa para combatir la obesidad infantil, todo lo contrario. Nuestros aliados son las frutas, las verduras y los alimentos frescos y tenemos que tenerlo muy en cuenta.

Si comemos alimentos y no productos procesados o ultraprocesados, estamos estimulando nuestras papilas gustativas, hacemos más sensible nuestro paladar y hacemos que aumente la percepción de los sabores, aunque nos parezca increíble todo ello.

El enemigo en casa

Sí, en nuestra televisión. Luchamos contra la publicidad más sutil y la más agresiva, la que se dirige a la población infantil.

En mayo de 1996, Disney firmaba un acuerdo de publicidad global con McDonalds para diez años. Disney ganó entre 25 y 45 millones de dólares porque estas hamburguesas o cualquiera de sus productos aparecieran en sus películas, casualmente y además, McDonalds con este acuerdo, podía vender hamburguesas en los parques de atracciones de Disney.

No tenemos muy claro cuantos millones pudo llegar a embolsarse la firma de hamburguesas pero sí sabemos a qué público se dirigen las películas Disney y qué edades son las que están deseando viajar por todos los parques de la factoría de Disney.

Estamos hablando de la salud de nuestras hijas y nuestros hijos pero ¿somos conscientes de lo mucho que estamos perdiendo en esto, nosotros y nuestras familias?

La obesidad infantil es un problema en el corto y en el largo plazo, lo miremos por donde lo miremos.

Una de cada seis personas en su edad adulta, reconoce que alguna vez ha tenido incluso problemas laborales por su exceso de peso.

Muchas personas obesas, reconocen tener peor estado de salud y eso las hace sentir un aislamiento en su entorno de trabajo. Bajan su autoestima, se sienten discriminados por sus compañeros de trabajo porque entre otros aspectos, la presión social es mayor sobre las personas con obesidad o sobrepeso.

Hay tantos aspectos de este problema de salud que no tiene sentido que sigamos sin tomar medidas al respecto y sin exigir que las administraciones también las tomen.