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Que echo de menos viajar es una verdad verdadera y si hace unas semanas os proponía un montón de rincones de ensueño si me fuera a Canarias hoy, mañana o pasado, ahora toca reconfortar el cuerpo y no sólo el espíritu, en esas mismas islas que lamentablemente no me han propuesto un blog-trip ni me han financiado estos dos posts por mucho que a mi me hubiera gustado y en este además os hablo de las islas Canarias como destino gastronómico que quizás hasta ahora no le habíamos prestado toda la atención que merecen sus cocinas y sus platos.

No, no hay euros de por medio (¡y ya lo siento yo!), hay sólo muchas ganas de desconectar, de metabolizar la vitamina D tirada en la paya y no por una pastilla, de no saber si es lunes o domingo porque he dejado atrás la rutina y no porque no pueda salir de casa. Ganas de conocer gente, de charlar y también de probar delicias de la cocina isleña como estas e incluso estoy abierta a probar alguna que después no me guste que ese riesgo tiene su atractivo.

Lo que es innegable es que las islas Canarias como destino gastronómico tiene mucho potencial y merece mucho la pena que hagamos una incursión en sus fogones y su cocina más tradicional, la más sorprendente para los viajeros y quizás la menos conocida por los que no somos de allí.

No vengo a comentaros lo rebuenas que pueden estar unas papas arrugás con su mojo. Eso ya sé que os lo sabéis todas.

Vengo a contaros esos platos canarios tradicionales, esa cocina que es más desconocida pero que sorprende al paladar en los guachinches y que va desde carnes a la parrilla, a la brasa o a la plancha a pescados en esos mismos fuegos o guisos o verduras o incluso sopas.

Una mezcla de sabores y texturas que se explica por la propia historia de las islas porque sí, sentarnos a una mesa es muchas veces como abrir un montón de libros de los que se puede aprender más de lo que imaginábamos.

Además que nos vamos a ir por las mesas de las distintas islas porque cada una tiene ese toque en la cocina que la hace diferente de las demás aunque por supuesto, con aspectos comunes como es lógico.

Si mañana me fuera a Canarias como destino gastronómico apetecible que es ¿por dónde empezaría?

Vamos a dar por hecho que nos hemos bajado del avión en Tenerife en este viaje a Canarias como destino gastronómico, así que empezamos por probar lo que nos ofrece esta isla que no es poco. Como me conozco vamos a empezar con un plato de cochino negro que es una especie de cerdo autóctona de la isla pero si sois más de pescado no dudéis en pedir un delicioso plato de vieja o de cherme que seguro que os sorprende muy gratamente.

Muchos de ellos van a estar acompañados de millo que es como se llama en las islas al maíz y por supuesto de papas, esas que no falten.

En Tenerife además hay que dejar sitio para el postre que podemos endulzar con alguna de las trece variedades de miel distinta que tienen en la isla aunque la más conocida es la miel elaborada con el polen de la planta Tajinaste que florecer como no podía ser de otro modo, en el cráter del volcán del Teide.

La miel de Tenerife es perfecta también para acompañar alguno de los deliciosos quesos que se producen en la isla de Gran Canaria. Quesos elaborados sobre todo con leche de oveja canaria y que se cuaja con flor de cardo. Quesos grasos o semi grasos que tienen un sabor ligeramente amargo pero que a los amantes del queso ¡nos encanta!

Para los amantes del dulce en Gran Canaria tienen el bienmesabe a su entera disposición, una elaboración que se prepara con almendra, azúcar, yema de huevo y canela.

Saltamos de isla para sentarnos en una mesa de Fuerteventura donde probar la llamada gastronomía majorera cuyo nombre proviene de los habitantes primitivos de la isla y destaca por sus platos locales quizás muy centrados en el pescado. Las viejas sancochadas o la cazuela de pescado con gofio son los más clásicos pero no podemos dejar de probar los pejines o si lo nuestro es más la carne, habrá que hacer un hueco para el puchero majorero un cocido local que seguro que nos sorprende para bien.

El primer queso canario con DOP se produce precisamente en Fuerteventura, es el queso majorero que lleva en su mayoría leche de cabra y que se moldea con las hojas de la palma además de frotarse con pimentón, aceite o gofio. Tiene un origen que se remonta a hace más de dos mil años así que no podemos salir de la isla sin probarlo y ya puestos, sin llevarnos alguno para la Península.

Como buenos amantes de los quesos, nos vamos de Fuerteventura y su queso majorero a probar el almogrote de la isla de La Gomera. Ya os conté en alguna ocasión que podría alimentarme de quesos prácticamente toda la vida, si mi salud no se resintiera claro, así que en las islas me da que voy a aprender y a disfrutar mucho con ellos.

El almogrote de La Gomera es una de sus joyas gastronómicas, de textura similar al paté se elabora con queso curado, inicialmente se usaban esos trozos que se iban quedando duros, se les añade pimienta, tomate y aceite lo que le da una sabor ligeramente picante, perfecto con un buen pan o por supuesto, con unas papas. Para comerlo como se debe hay que untarlo con mantequilla en el pan, en capas generosas no nos pongamos finolis que no viene al caso.

Seguimos en La Gomera para disfrutar de la miel de palma que es la reina de la cocina de la isla y que no es lo que parece, ni de lejos. Se trata del resultado de la cocción de la savia de la palmera hasta que se espesa como si fuera un caramelo. Tiene un sabor intenso y cada día es más utilizada por distintos chefs dentro y fuera de las islas, como condimento de quesos (¡cómo no!), carnes y postres.

De esta peculiar miel de palma se deriva el conocido gomerón al mezclarla con el aguardiente de parra, es una de las joyas de los productos más tradicionales de esta isla que conviene por lo menos catar.

En La Palma lo que sí que vamos a catar sin duda es su ron tradicional per no será lo único que nos llevemos a la boca porque en esta isla podemos elegir entre postres, licores, frutas, frutos secos, carnes y pescados, lo que más nos apetezca, tenemos mucho que descubrir entre sus fogones más tradicionales.

El dulce palmero más conocido es la rapadura, se elabora con miel de caña, gofio, azúcar, almendra, canela y limón, no es precisamente ligero teniendo esos ingredientes pero los que lo han probado una vez siempre repiten.

Los almendrados son también otro de los dulces populares de la isla que podremos tomar acompañados por uno de los más que reputados vinos de otra de las islas del archipiélago, la de Lanzarote que cuenta con una bodega cada día más atractiva e interesante.

El más conocido sin duda es el vino de malvasía, blanco y dulce y seguro que podremos recorrer alguna de las bodegas y de los viñedos de la zona de La Geria. Merece la pena pasear con un guía que nos explique qué son y para qué se realizan esas excavaciones cónicas en la tierra volcánica donde se ubica cada una de las vides con las que se producen sus deliciosos vinos.

Pero no sólo de vino se vive en Lanzarote, el mar sigue siendo la fuente principal de alimentación para los vecinos de la isla. Desde las lapas cocinadas con ajo, perejil, vino blando y aceite de oliva al delicioso atún en adobo majado a base de ajos, pimienta, laurel, pimentón, aceite, tomillo, vinagre y sal.

Y nos queda pasarnos por las cocinas de El Hierro donde sobre todo vamos a disfrutar con las quesadillas tradicionales que se elaboran con queso y anís como ingredientes principales pero no va a ser lo único que llevarnos a la boca. Seguimos disfrutando de los pescados como la vieja a la plancha o podemos atrevernos con los tollos, tiras de carne de pescado secadas al sol.

Tenemos mucho que catar de la gastronomía quizás menos conocida por el viajero pero eso no quita para que dejemos de disfrutar de la que a todos nos suena como unas buenas papas arrugás con mojo, un platillo de rancho canario, algo de ropa vieja algún día, un guiso de pollo y conejo al salmorejo, una cata de adobo de cerdo o de puchero canario y por supuesto, no podemos irnos de las islas Canarias sin probar el archiconocido gofio o el sancocho.

Es más que probable que se nos hayan quedado platos en el tintero o en el horno, Canarias como destino gastronómico tiene mucho que ofrecer al viajero, así que no nos va a quedar otra que viajar en cuanto se pueda a las islas para probarlos in situ, yo me ofrezco voluntaria ¡sin duda!