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No es por quitarnos méritos pero ha llegado el momento de reconocer que la siesta no es un invento español aunque puede que seamos los que mejor nos echamos la siesta de todo el planeta, eso es innegable y a los que más nos luce ese pequeño descanso también. Pocas actividades más deliciosas que el enorme placer de la pequeña siesta ¿no os pasa también a vosotras que una cabezada os pone las pilas?

Por ponerme un poco cultureta, que sepáis que las siestas vienen de la antigua Roma, sestear se refería al descanso en la hora sexta, un pelín pasado el medio día o sea que le somos bastante fieles al concepto original porque si algo es perfecto ¿para qué cambiarlo?

No, nosotros no somos los únicos habitantes del planeta que si podemos nos regalamos una pequeña o gran siesta. En Canadá uno de cada tres habitantes reconoce que cierra los ojos un ratito después de comer, en Alemania son uno de cada cuatro los que reconocen que se rinden al enorme placer de las pequeñas siestas después de comer.

Casi dos de cada diez italianos e ingleses echan un sueñecito después de comer también y los japoneses que van marcando tendencia, son de dormitar incluso en público, a la vista del resto de la población. No pasa nada y si pasa, pues que se eche la siesta.

Durante el confinamiento quien más y quien menos trató de descansar unos minutos después de comer y el pasado año más de la mitad de los españoles reconocimos que por lo menos durante los fines de semana la siesta es sagrada.

Dicen los expertos en salud que si diéramos preferencia a nuestro reloj biológico por encima de nuestras miles de obligaciones diarias, dormiríamos hasta tres siestas al día ¿os imagináis? Una breve siesta cada cuatro horas, un pequeño sueño para reponer fuerzas si pudiéramos permitírnoslo y nuestra salud ganaría con el cambio y yo creo que nuestro humor seguro que también.

Cada persona tenemos nuestros propio reloj biológico, eso es innegable pero también lo es que existen numerosos estudios que demuestran con datos que dormir una siesta de manera habitual se asocia a un menor riesgo de cardiopatía isquémica, es beneficiosa para la memoria y la concentración, mejoran el rendimiento cognitivo de los adultos mayores y mejoran hasta cinco veces nuestra memoria.

La siesta bien llevada, con sensatez no nos liemos la manta a la cabeza que nos conocemos, tiene grandes ventajas como estamos viendo para la salud física y mental, reduce la fatiga y el cansancio, mejora el rendimientos cognitivo, ayuda al aprendizaje, fija la memoria, regula las emociones, restablece el humor, evita la somnolencia diurna, facilita el estado de alerta y atención y nos permite tener una mayor eficacia en nuestras actividades.

Cuando la noche no ha sido buena, no hemos disfrutado de un sueño reparador completo, la siesta permite que sigamos el día con fuerzas, es una necesidad que hemos vivido y sufrido todos en algún momento.

Durante una enfermedad, sobre todo si tenemos febrícula, la siesta se repite a lo largo del día, nos lo pide el cuerpo porque ayuda a que mejoremos.

Cuando hay que trabajar en un turno largo o se prevé que vamos a trasnochas una siesta previa facilita que estemos despejados más tarde y más tiempo.

La edad nos pide siesta, los niños pequeños, los bebés e incluso las personas mayores disfrutan del enorme placer de la pequeña siesta por necesidad y también por costumbre, si nos acostumbramos a una cabezada por pequeña que sea después de comer lo echaremos mucho de menos el día que no podamos hacerla.

Llegados a este punto y después de relatar todas sus bondades tengo que daros la mala noticia, sí no podía ser todo tan perfecto: si la siesta dura más de lo debido, los efectos positivos pasan a ser todo lo contrario.

Pasada una hora de sueño entramos en una fase de sueño profundo de la que cuesta más despertar por eso muchas personas tras una siesta larga tienen mal humor, se sienten aturdidas y desorientadas. Se denomina inercia del sueño.

Así que para que todo funcione y funcione bien la siesta tiene que durar entre diez minutos y una hora como máximo. Lo ideal según los expertos en salud es que esté entre los 20 y los 30 minutos para aumentar el estado de alerta y el rendimiento mental sin que haga mella en la calidad de nuestro sueño nocturno posterior.

Esto siempre hablando de adultos no de niños ni adolescentes, por supuesto y siempre valorando el ritmo biológico de cada persona, no seamos demasiado rígidos a ver si en lugar de relajarnos con una placentera siesta nos vamos a estresar más de la cuenta.

Es bueno crear un hábito si se puede, siempre será mejor el sofá que la cama para controlar la duración de nuestra pequeña siesta. Lo mejor es que más o menos sea siempre a la misma hora porque los horarios regulares nos ayudan a dormir mejor.

Recomendable cierto silencio o el murmullo de la vuelta ciclista que para algunos es mano de santo, eso ya para gustos y necesidades.

No es necesario que nos pongamos el pijama, lo importante es que consigamos poco a poco desconectar, apartar las preocupaciones y no pensar en lo que aún tenemos por delante.

No es complicado poner en práctica la mayoría de los consejos, lo complicado es sacar esos diez o quince minutos para poder dormir después de la comida, para poder disfrutar del enorme placer de la pequeña siesta y de todos sus beneficios para nuestra salud, ahí es donde tenemos que arañar de donde podamos si podemos que esa es otra.

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