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Ya pasó el día oficial, ese en el alagunas seguimos reivindicando derechos humanos y aún hay alguien despistado que nos sigue felicitando por ser el día que es. Hay quien no lo ha entendido todavía y no sólo por eso, la violencia de género en plena adolescencia es una realidad que debe preocuparnos mucho más y debe hacer saltar todas las alarmas, no sólo un día al año sino todos hasta que consigamos desterrarla de las vidas de nuestros hijos e hijas.

La semana pasada desde Oxfam Intermón presentaban un informe que han estado elaborando durante el año pasado, hablando con 1.500 jóvenes de nuestro país, de entre 15 y 25 años sobre sus comportamientos sociales vinculados a las violencias machistas.

La verdad es que las conclusiones del informe no son para que nosotras como madres nos quedemos demasiado tranquilas o al menos esa es la impresión que me ha dado a mí tras leer sólo algunos de los datos más impactantes.

Las conclusiones son muy tristes vistas desde la perspectiva de una madre de dos adolescentes, de una amiga de hijas adolescentes y desde la perspectiva de cualquier persona que entiende que la violencia no se puede relacionar jamás ni con la pareja, ni con el amor, ni antes ni ahora.

Da la sensación de que seguimos perpetuando los mismos errores en las relaciones afectivo-sexuales y que seguimos tratando de explicar lo mismo desde hace décadas y décadas parece que tenemos aún por delante con la obligación moral de seguir explicando lo mismo. Un triste bucle infinito.

El informe de Oxfam Intermón se titula «Rompiendo Moldes» lo podéis leer completo y os lo podéis incluso descargar si os apetece o si necesitáis profundizar más en los datos y en las conclusiones a las que han llegado.

Una de esas conclusiones que plantea la ONG es que las violencias machistas entre jóvenes y adolescentes son reales, están ahí, aunque los adultos no las visibilicemos ni las identifiquemos y eso, a mi modo de ver, no deja de ser un toque de atención, un tirón de orejas para nosotros, los adultos, sus referentes, su ejemplo y en el fondo los responsables de su educación.

Entre los adolescentes hay formas de violencia machista normalizadas y ocultas, como las prácticas sexuales no deseadas, sin consentimiento previo o las violencias que se derivan de la práctica del sexting. El envío de mensajes a través del móvil con contenido sexual o erótico de otra persona.

Se culpabiliza a las chicas si se viraliza contenido su su consentimientos mientras que se ve normal que los chicos lo haga, para el 44% de los chicos «si alguien hace sexting está asumiendo el riesgo de que alguien pueda reenviar el contenido».

Uno de cada diez chicos cree que si una mujer ha consumido mucho alcohol se expone a que un chico tenga relaciones con ella aunque ella esté inconsciente y casi 9 chicos de cada cien reconoce que si una chica se viste de forma provocativa y va sola por la calle a determinadas horas de la noche, se está exponiendo a que le pase algo.

Se siguen perpetuando comportamientos machistas que culpabilizan a las víctimas, a las adolescentes. Si han bebido más de la cuenta, si se han hecho fotos, la culpa sigue siendo de la víctima, no conseguimos que este rol cambie porque quizás no estamos educando realmente en igualdad a unos y otras, no desde todos los ámbitos.

Y es que, según detectan en este estudio tras escuchar y analizar las respuestas de los mil quinientos jóvenes y adolescentes entrevistados, entre ellos y ellas se mantienen muy presentes tres imaginarios sobre la masculinidad como son la invulnerabilidad emocional, el deseo heterosexual incontrolable y la actitud dominante. Son ideas completamente antagónicas a las que prevalecen sobre las chicas que las ven como complacientes con las demás personas y sumisas.

Ellos siguen viéndose como se veían nuestros abuelos, ni siquiera los abuelos de nuestros hijos y ellas igual. En algunos conceptos relacionados con la igualdad hemos saltado varias generaciones hacia el pasado y parece que no nos hemos dado ni cuenta de esta involución.

Es imprescindible una educación sexoafectiva feminista, transversal y con perspectiva de derechos, concluye el informe y este debe abordar aspectos como la comunicación en las relaciones sexuales y la gestión emocional.

Las campañas de prevención y sensibilización de las violencias machistas deben generar mensajes positivos e involucrar a los chicos promoviendo masculinidades diversas y críticas, mucho más reales y sobre todo más justas para todos.

Es verdad que en el informe se aprecian avances significativos que son fruto de la lucha feminista, eso es innegable pero también es evidente que queda mucho camino por recorrer y mucho trabajo promoviendo unos modelos de relaciones más sanas, más igualitarias porque por el momento y aunque nos pese, sigue prevaleciendo un modelo masculino que se basa en la idea de que los hombres son menos sensibles, menos vulnerables a las emociones, que los hombres tienen un deseo sexual incontrolable para ellos y que además, los hombres dominantes son más atractivos en general.

Aspectos erróneos que pensábamos que no habría que volver a erradicarlos de nuestras relaciones pero, ahí están de nuevo.

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