Llevamos tiempo ignorando la realidad, no sólo el pasado y el vacío viven en el mundo rural porque resulta que cada vez está más claro que el futuro de nuestros hijos está en el pueblo de nuestros abuelos, en el campo, esperándonos y parece que poco a poco y tras la bofetada que nos ha dado esta pandemia, estamos despertando.

Muchos han decidido salir de un piso en una gran ciudad para entrar en una casa en un pueblo pequeño. La naturaleza, el aire libre, el medio ambiente y las posibilidades de futuro se multiplican más allá de las grandes urbes y parece que por fin los ciudadanos nos damos cuenta de ello, de que hay otras vías además de la impuesta por la inercia.

Según datos de Greenpeace «sólo un 16’5% de la población española está cuidando del 85% del territorio clave contra la crisis ecológica». La población rural es vital y aún no disfruta de los mismos servicios ni de las mismas oportunidades aunque en algunos lugares parece que por fin van cambiando las cosas.

Busquemos un ejemplo de esos que no dejen lugar a dudas de que el futuro de nuestros hijos está en el pueblo, si ellos quieren.

Maranchón es un pequeño pueblo de Guadalajara, uno de los pequeños pueblos de la llamada España vaciada, un pueblo de la España despoblada que cuenta sólo con 200 habitantes.

Maranchón tiene 200 habitantes y 100 molinos de viento que han reactivado una economía que agonizaba.

Los beneficios de esos cien molinos repercuten directamente en los habitantes del pueblo, como debe ser porque son suyos. Las personas mayores de Maranchón tienen ayuda a domicilio y viven en una vivienda tutelada que se paga gracias a los beneficios que genera el complejo eólico en el que además, por seguir con el ejemplo, trabaja la primera mujer de Europa en conseguirlo, lo miremos por donde lo miremos es un ejemplo a seguir.

En la parte de nuestro país menos poblada es donde se encuentra la mayoría de los ecosistemas nacionales que abastecen a todo el país de materias primas, es decir, el futuro está en el campo y es innegable.

Las poblaciones rurales acumulan el 60% de los humedales y lagos naturales de todo el país. Entornos que actúan de forma natural como sumideros de dióxido de carbono.

Los municipios rurales contribuyen hasta 34 veces más que los entornos urbanos a mitigar las funestas consecuencias del cambio climático y 20 veces más a mantener la biodiversidad.

Tengamos en cuenta que la biodiversidad española supone más del 50% de la total europea. Son cifras que tendríamos que mirar con mucho más mimo y que deberíamos cuidar mucho más de lo que lo estamos haciendo o estamos dejando que hagan las distintas instituciones. Hay que cambiar.

Los datos que expone el Instituto Nacional de Estadística son elocuentes, en el 96% del territorio del país viven menos de la mitad de los españoles y la cifra, lamentablemente, no deja de descender año tras año.

Una ventana al futuro

Lo que no se conoce es complicado cuidarlo, quererlo y respetarlo, por eso es tan importante abrir las puertas de la ciudad al campo, revisar las enormes posibilidades que tiene el mundo rural para las próximas generaciones.

Eso es lo que se han planteado desde la Universidad de Zaragoza y la Diputación Provincial de Zaragoza y por eso pusieron en marcha el programa Desafío, lo que ha venido a convertirse en el «Erasmus del medio rural».

Luis Antonio Sáez es el director de la Cátedra sobre Despoblación y Creatividad de la Universidad de Zaragoza y uno de los responsables de este programa que busca llevar el talento al medio rural mediante las prácticas que los estudiantes universitarios que participan pueden llevar a cabo en empresas, instituciones y asociaciones de los distintos municipios.

Los alumnos que se inscriben en el programa son desde estudiantes de química a veterinarios, juristas, estudiantes de bellas artes, informáticos, estudiantes de derecho y administración de empresas y estudiantes de trabajo social.

Son jóvenes que viven una experiencia en un entorno que no se parece nada al suyo, algo que no ocurre con tanta claridad cuando el destino es otra ciudad europea.

En esta edición el programa ha triplicado su presupuesto y por primera vez incluye una línea de becas específicas para los recién graduados que permitirá que los jóvenes que han terminado su licenciatura en los últimos tres cursos puedan hacer prácticas en la zona de la provincia en la que residen.

Estudiantes que por otra parte, en su mayoría son mujeres, lo que hace que además al participar en este programa se rompa con los prejuicios de la masculinización del mundo rural y con la idea de que no hay trabajo de calidad en el entorno rural para ellas, para las mujeres.

El futuro de nuestros hijos está en el pueblo y el de nuestras hijas también

En España hay en torno a cinco millones de mujeres que viven y trabajan en entornos rurales según datos del INE pero al mismo tiempo, el 40% de las mujeres que se fueron de los pueblos pequeños a la ciudad tenían entre 16 y 44 años por lo que un tercio de las mujeres que viven en entornos rurales superan los 65 años y eso es un problema.

En el entorno rural la brecha de género también existe y además, hay que sumarle la brecha que supone vivir en un entorno rural en sí mismo y al mismo tiempo, es innegable que las mujeres rurales son clave para afrontar la despoblación del mundo rural.

Es una realidad sobre la que se trabaja desde distintos aspectos y ejemplos como el que acerca a los estudiantes y sobre todo, a las estudiantes universitarias al mundo rural, es muy positivo para superar esa brecha de género y para luchar contra la despoblación.

Ejemplos como el de la primera mujer que trabaja en un campo eólico como ocurre en Maranchón, son ejemplos a seguir en otras pequeñas poblaciones y por muchas otras mujeres que quieren y pueden desarrollarse en el medio rural.

Y no se nos puede olvidar otro de los beneficios que se disfrutan en un pueblo en el que todos se conocen: las redes sociales son muy distintas a las que conocemos a través de la pantalla o a las que podemos desarrollar en una gran ciudad.

Roseto era un pequeño pueblo en Estados Unidos, como cualquier otro en el que vivían más o menos 2.000 habitantes y en el que sus habitantes apenas padecían enfermedades cardiovasculares. Eso en Estados Unidos a mediados del siglo XX era algo que llamó la atención del doctor Stewart Wolf que se propuso descubrir la razón de ello para poder exportarlo por todo el país.

No había nada en su dieta, en el agua o en el aire que hiciera distintos a estos habitantes de los del resto del país. Todo era como en todos los sitios. No, todo no.

Una población de 2.000 habitantes tenía 22 organizaciones cívicas en las que participaban habitualmente. Los hogares en los que convivían tres generaciones eran más frecuentes que en el resto del país. Los domingos, los habitantes de Roseto se encontraban en la iglesia. Se potenciaba en el pueblo el igualitarismo y la ayuda de unos para con los otros.

¿Qué es lo que apenas había en el pueblo? Soledad, el gran mal de los países desarrollados con sus grandes ciudades que hace que se dispare el estrés de sus habitantes.

A más estrés más cortisol en el cuerpo y así se modifica nuestra actividad metabólica, se incrementa la presión arterial y se desemboca en que aumentan las enfermedades cardiovasculares.

Una defensa de nuestra propia identidad

Esto también es así, es una realidad. No sólo se trata de defender y proteger el entorno natural, el patrimonio natural del país. Es que en la España desierta es donde queda un modo de vida y un conocimiento que forma parte de nuestra identidad como pueblo.

Esas áreas rurales que hoy están poco a poco cada vez más despobladas, hace unas décadas desarrollaban una serie de actividades y manifestaciones culturales que se están perdiendo y que contribuían al mismo tiempo a hacer cultura, a crear vínculos, a desarrollar la economía local y a la sostenibilidad den entorno.

Desde actividades agrícolas, ganaderas o forestales que se basaban en unos conocimientos que pasaban de padres a hijos y que son vitales para luchar contra el cambio climático.

Según reconoce la UNESCO en España existen al menos seis lenguas en peligro de desaparición con más de 250.000 hablantes a las que hay que sumar las jergas propias de oficios que ya nadie practica o términos propios de pueblos que están prácticamente vacíos.

Precisamente son las redes sociales a través de la tecnología las que están ayudando a que se den a conocer los atractivos de las localidades a nivel gastronómico, histórico, cultural, festivo y etnográfico. Al mismo tiempo y de forma casi accidental, se está acelerando la inclusión de la mujer en ese entorno cultural en el que antes ambos géneros tenían roles muy diferenciados pero que ahora y por necesidad evidente, se va produciendo la incorporación de las mujeres de forma natural en rituales en los que antiguamente no participaban.

Es evidente, lo miremos por donde lo miremos, que en muchos casos, para muchas familias y en muchas circunstancias el futuro de nuestros hijos está en el pueblo que dejaron hace año nuestros abuelos, el ciclo de la vida puede ser.

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