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Buenos pues se han terminado ya hace unos días y la verdad es que de esta 32ª edición de los Juegos Olímpicos he visto más deporte del que imaginaba que iba a ver aunque lo que más me ha gustado es que las olimpiadas no han sido solo deporte, han sido mucho más y mucho bueno. Ha habido gestos necesarios por escasos en nuestro día a día en una competición y en esta sociedad que nos estamos construyendo entre todos y eso me ha gustado mucho, muchísimo.

Casi 12.000 atletas entrenando muy duro durante años han llegado este mes de agosto a darlo todo en Tokyo en unas olimpiadas distintas porque la vida en general se ha vuelto distinta la que conocíamos hasta ahora.

Las olimpiadas no han sido sólo deporte y en esta edición lo hemos visto más rápido y más frecuentemente que en otras ediciones.

Puede que en las anteriores no estuviéramos tan atentos, no lo dudo y puede que en este momento necesitáramos más todos esos gestos que nos acarician un poco el corazón porque llevamos un par de años con el corazón en un puño, aplastado y golpeado por demasiados temas.

Por la parte que nos toca, creo que la primera denuncia por discriminación vino de una deportista española. Ona Carbonell, capitana del equipo de natación sincronizada ponía delante de la pantalla la eterna elección a la que es empujada la mayoría de las madres españolas: la maternidad o el trabajo, elige bonita porque todo no puede ser.

Nada nuevo bajo el sol, no hemos avanzado prácticamente nada en este sentido como pudo sufrir la capitana en sus propias carnes. En el tema de la conciliación entre vida laboral y personal cuando eres mujer y madre, nos queda aún mucho hasta lograr la misma sincronización que tienen en su equipo.

Otra mujer, Simone Biles, se convirtió en un símbolo para muchos, un referente, una figura en la que apoyarse a la hora de dar importancia al bienestar emocional, a la salud mental y psicológica. La atleta estadounidense decidió ponerse ella en el primer puesto de su propia vida, de sus propias prioridades.

Entendió que era el momento de parar, de dejar estas olimpiadas y cuidarse. Después volvió a la competición en una prueba en la que no destacaba, por la que nadie la presionaba y de nuevo el éxito se pintó en su cara y colgó de su cuello.

Las olimpiadas no han sido sólo deporte, han sido salud mental, han sido maternidad, han sido conciliación, han sido respeto a uno mismo y también respeto a los demás y todo eso ha sido muy bueno para los millones de personas que lo hemos ido viendo, como lluvia fina, un gesto detrás de otro.

El equipo alemán de gimnasia artística estaba un poquito hasta el moño y no se sentían cómodas con sus uniformes así que salieron a competir con una prenda de cuerpo completo, una prenda que se parece más a la que llevan sus compañeros varones en cualquier disciplina.

O sea que su dosis de repulsa al machismo y a la sexualización del cuerpo de las deportistas también ha habido en estos juegos olímpicos ¡faltaría más! y eso que aún queda mucho por hacer dentro y fuera de las olimpiadas.

Las olimpiadas no han sido sólo deporte, ha habido también persecución política como la sufrida por la velocista del equipo de Bielorrusia. Ha habido también conflictos bélicos a nivel internacional como el que obligó a la abanderada del equipo de atletas refugiados a abandonar su país, Siria, donde entrenaba natación.

Yursa Mardini es una de esas miles de personas que se juegan la vida en el mar tratando de tener la posibilidad de un futuro mejor lejos de su país.

Ella iba en una embarcación hacia Turquía cuando el bote comenzó a llenarse de agua, entre Yursa y su hermana Sarah, consiguieron llegar a tierra empujando las dos la embarcación mientras nadaban.

Cuando dicen que los deportistas que participan en las olimpiadas están hechos de un material especial es evidente que en casos como Yursa eso es innegable.

«Soy gay y campeón olímpico» decía Tom Daley al conseguir la medalla de oro en trampolín de 10 metros sincronizado y miles de personas en sus casas vieron que tenían un referente en él, que se puede querer a quien sea y ser un deportista de élite o lo que se quiera.

Después le vieron tejiendo en las gradas para calmar los nervios y para colaborar con una organización que da cobijo a personas LGTB+ que se ven abandonadas por sus familias, incluso siendo menores de edad.

Las olimpiadas no han sido solo deporte han sido también normalización, tolerancia y empatía y eso es tan necesario, nos hacía tanta falta que quizás por eso nos haya llamado tanto la atención.

Han sido medallas de oro compartidas por dos atletas, han sido aplausos, lágrimas y abrazos al despedir a atletas que han demostrado que la edad no es lo más importante en la vida, han sido alegrías sinceras por los triunfos de los demás, de los compañeros y de los amigos.

Alegría como la de Ana Peleteiro, la saltadora española que se llevó la medalla de bronce en salto de longitud y se abrazaba a su amiga Yulimar Rojas celebrando con la misma euforia la medalla de oro de ella.

Las olimpiadas no han sido solo deporte y quizás por eso hayan sido más especiales de lo habitual.

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