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La casualidad quiso que empezara a escribir este post antes de que nos dejara la autora de este precioso libro del que quería hablaros. Un libro perfecto para este mes en el que estamos entrando, en el que se disparan nuestras supuestas necesidades y en el que gastamos más de lo que tenemos en productos que deseamos más que necesitamos. Somos una generación que no ha aprendido lo que significan los besos en el pan así que ¿por qué no aprenderlo con un libro como este de una autora como Almudena Grandes?

«Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, ¿Sabes? Pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla.» Los besos en el pan, de Almudena Grandes

Los besos en el pan es una de esas novelas a las que una vez les has cogido el hilo ya no quieres dejar de leerla, de conocer a sus personajes, de encontrarte en sus actos y en la falta de ellos.

Es verdad que para muchos críticos y lectores, es una novela en la que realmente no hay personajes, hay personas, representaciones fieles de la realidad en la que vivimos, de la que formamos parte y la que nos rodea.

Es un collage de historias, un vecindario, un conjunto de personas que viven, a veces conviven, otras se influyen sin saberlo y las más de las veces toman partido porque la vida les empuja a ello y eso las hace estar vivas.

Es el propio barrio de Almudena Grandes pero podría ser cualquier barrio de cualquier ciudad, es el Malasaña en el que viven y se mueven los casi 70 individuos que pululan por la novela.

No los he contado pero son mucho y aún así es imposible perderse entre los hilos que tejen, al contrario, lo que hacen esos hilos es que te empujan a encontrarte.

«Pero los españoles, que durante muchos siglos supimos ser pobres con dignidad, nunca habíamos sabido ser dóciles. Nunca. Hasta ahora.» Los besos en el pan, de Almudena Grandes

La magia que encontré en Los besos en el pan, además de la que ya tiene de por sí la prosa de Almudena Grandes, es que habla de personas normales.

Habla de gente que sufre pero también sueña, gente que está sola y gente que vive en pareja, habla de grupos como los maestros o los sanitarios, habla de pequeñas empresarias de barrio como las peluqueras, habla de abuelos y de estudiantes.

Es inevitable que al leerlo, al caminar entre sus páginas, no dejas de mirarte en un espejo en el que te vas a encontrar y cabe la posibilidad de que no siempre te guste cómo y dónde te encuentras.

Sí, es una lectura terapéutica la de Los besos en el pan porque no hay héroes y sin embargo casi todos los son sin saberlo, tiene un mensaje optimista pero luchador al mismo tiempo y eso, en el fondo no deja de ser ilusionante.

«Porque en España, hasta hace treinta años, los hijos heredaban la pobreza, pero también la dignidad de sus padres, una manera de ser pobres sin sentirse humillados, sin dejar de ser dignos ni de luchar por el futuro.» Los besos en el pan, de Almudena Grandes

Leí que en una entrevista, Almudena Grandes comentaba sobre el libro y su título que «…tenía tres tías abuelas que me enseñaron a besar el pan. Si se caía en el suelo se besaba y a la basura, pero si se caía en la cocina, se besaba y se comía. Nunca me explicaron por qué. Con el tiempo me di cuenta de que era una consecuencia del hambre que habían pasado y era una figura muy poderosa: el pan es la metáfora del alimento y de la dignidad. Ahora muchos españoles han entendido por qué nuestros abuelos nos enseñaron a besar el pan, aunque nosotros no hayamos enseñado a nuestros hijos a besar el pan.»

Y quizás deberíamos volver a hacerlo o no deberíamos haber dejado nunca de enseñar a nuestros hijos a besa el pan. Porque como Almudena Grandes decía con mucho acierto «…las generaciones que nunca han tenido que besar el pan están atontadas y paralizadas.»

Se va una de las mayores y mejores escritoras contemporáneas de nuestro país, una de esas personas que da ejemplo sin pretenderlo, combativa, respondona, resuelta, coherente, divertida, solidaria y alegre. Una autora con la que descubrir distintos mundos que no dejan de estar alrededor de tu propio mundo y que no los has visto antes porque sin saberlo ni siquiera querías verlos.

El primer libro que cayó en mis manos de Almudena Grandes fue Las edades de Lulú. Me lo leía en el autobús y lo forré porque me daba un poco de apuro la portada del libro y el contenido, no por mí porque me encantó, sino por lo que pudieran pensar los demás. Estaba en esa edad absurda en la que importa lo que piensen los demás.

La prosa de Almudena Grandes engancha desde la primera palabra, la primera línea, el primer párrafo y aunque a veces hiera, porque tiene que herir, no pierde ni un ápice de belleza y atracción.

Este es otro de esos libros que se disfrutan, se mastican, se comentan, se digieren y se comparten que seguro que es algo que a ella le gustaba de sus lectores y sus lectoras. La gran mayoría.

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