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Cada una tenemos nuestras manías, como también esos conceptos que no dejamos de oír en boca de cualquiera y en cualquier momento que consiguen sacarnos de nuestras casillas. Este de que «hay que salir de la zona de confort» es uno de esos que me ponen de los nervios desde hace tiempo y parece que no soy la única ¡mira qué bien!

Hace unas semanas, en un programa de televisión, charlaban con la actriz Maribel Verdú con motivo de la presentación de uno de sus últimos trabajos y en medio de esa animada charla salía el eterno consejo o valoración o lo que sea de que «hay que salir de la zona de confort» a lo que una sensata y tranquila Maribel Verdú respondía más o menos que estaba cansadísima de esa idea y que no podía estar más en contra de esa obligatoriedad absurda.

«¿Es que no entiendes que la zona de confort es zona de confort? ¿Quién quiere vivir con angustias, ansiedades, miedos, incertidumbres…? (…) Yo no quiero, tía. Yo quiero vivir en mi zona de confort. Y ya dentro de mi zona de confort, de que me traten bien, de que me respeten… ya encontraré yo dificultades. Es decir, ¡déjame!».

Pues es que es eso. ¿Cuánto tiempo te ha llevado construirte una zona de confort en la que mínimamente te sientas cómoda, a gusto?

Hay muchas personas (la mayoría) que después de décadas de intentos aún siguen construyendo esa zona de confort, ese entorno anímico o mental en el que se sientan tranquilas, en el que no se sientan ni juzgadas ni inseguras ¿por qué demonios tienen que abandonar ese sitio que con tantos golpes, errores y aprendizajes se han ido construyendo?

Me pasa como a Maribel Verdú, yo tampoco estoy por la labor de abandonar mi zona de confort porque sí, porque alguien lo ha dicho y lo repite hasta la saciedad, porque a alguien se le ha ocurrido pintarlo en un cuadro o en una taza, porque sí. Pues no. Va a ser que no.

Cuando consigues salir del tifón de la adolescencia y empiezas a construirte en un proceso que lleva años y en el que a veces tienes que tirar algún tabique de los que levantaste cuando eras otra, no te planteas que una vez que has creado un pequeño loft en el que estar medio cómoda contigo misma, vas a tener que abandonarlo voluntariamente porque alguien ahí fuera ha dicho que esa es la única manera de crecer y de que te sientas realizada.

¿Y qué sabe nadie de cómo se siente realizada una persona si no estás en sus zapatos?

¿Cómo puede venir nadie a decirme que no he crecido suficiente después de años de vida y de construcción propia, de aprender a base de prueba y error, de conocerme y saber cuando me estoy engañando?

¿De dónde ha salido tanto gurú que utiliza el imperativo como quien reparte octavillas en el metro?

No, no estoy por la labor de abandonar mi zona de confort. No es muy grande, podía ser mejor, podría ser más sólida, lo sé pero es la mía y me ha costado mucho sudor y sobre todo lágrimas conseguirla así que va a ser que no y a quien no le guste pues «sinceramente querida, me importa un bledo.»

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