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Para frenar la huella ecológica de la industria de la moda muchas personas en todo el mundo, están decidiendo de forma individual otras opciones a la hora de vestirse y la compra de ropa de segunda mano está cada vez más presente en los guardarropas de miles de hombres y mujeres en todo el mundo.

Nos metemos en la primavera y llega el tradicional cambio de armario típico de esta época. La ropa de invierno se guarda hasta la próxima temporada y se saca la más ligera, la que guardamos el año pasado con la llegada del otoño al calendario.

Se saca, se revisa, se prueba. Mucha se queda y otra tanta, puede que salga por la puerta y haya que renovar parte del vestuario.

Desde el año 2.000 se ha duplicado el consumo de prendas de vestir y no tanto porque se necesite como por su precio, se compra más ropa porque es barata. Pero que sea barata no quiere decir que no tenga un coste, y muy alto si hablamos en términos medio ambientales. La ropa barata realmente nos está saliendo muy cara a todos y hay que poner pie en pared y tomar medidas.

Además, la ropa barata se estropea enseguida, se descose antes, encoge al lavar y hay que reponer lo que se ha roto, lo que ha desteñido o lo que ha encogido. Es un círculo vicioso al que hay que encontrarle una salida, porque la tiene: adquirir prendas de segunda mano.

Ropa de segunda mano, una buena opción

Hay distintas apps que ayudan a vender la ropa que ya no sirve, la que se les queda pequeña a los niños, la que no nos gusta porque se ha pasado de moda. Y lo importante, es que existen porque se vende, porque cada vez hay más personas que compran ropa de segunda mano.

En el norte de Europa llevan décadas dando una segunda oportunidad a la ropa con toda normalidad. Sólo en Reino Unido hay más de 11.000 tiendas de ropa y complementos de segunda mano que visten a miles de británicos desde hace tiempo.

Comprar ropa de segunda mano es una opción que cada vez atrae a más población, es más económica y al mismo tiempo es más sostenible para el planeta.

En España, de momento, apenas hay 250 tiendas de ropa y complementos de segunda mano, pero la tendencia es creciente y las tiendas de moda ‘vintage’ no dejan de aparecer en el centro de las ciudades, junto a las más tradicionales tiendas de Humana, Moda Re (la marca de Cáritas) y otras gestionadas por distintas ONGs.

La industria de la moda no sólo vende ropa, también vende emociones pero no puede esconder detrás de esas emociones que es la industria responsable del 10% de las emisiones mundiales de CO2.

Por poner sólo otro ejemplo, para fabricar una camiseta de algodón se necesitan los mismos litros de agua que consume una persona durante dos años y medio.

Cada vez son más las personas que apuestan por cambiar sus hábitos de consumo en lo que a moda y ropa se refiere y siguiendo la estela de la compra de ropa de segunda mano, se pasan al alquiler de prendas de forma puntual para un evento, una boda, una fiesta.

El alquiler de prendas permite seguir las tendencias de la moda, vestir con prendas de alta calidad de un modo mucho más sostenible y económico, sin necesidad de acumularlas en el fondo del armario para el siguiente evento y sin duda, ahorrando dinero.

Según las últimas estadísticas sobre este tema los europeos tiramos unos 11 kg de textiles cada año, el 90 % de los cuales se incineran o acaban en vertederos contaminando el entorno, quizás por eso las tiendas de ropa de segunda mano o de alquiler de prendas no han dejado de crecer en los últimos años y la tendencia señala que lo van a seguir haciendo.

En algunos países y sobre todo entre la población más joven se empieza a despertar una tendencia que se podría llamar “vergüenza de comprar”, en Suecia por ejemplo, está creciendo mucho esta sensación de vergüenza de irse de compras sin que exista una necesidad real, como se ha venido haciendo hasta hace muy poco y como siguen haciendo millones de personas en todo el mundo.

Es un comportamiento mucho más respetuoso con el medio ambiente y que marca la responsabilidad individual en la lucha contra el cambio climático. 

La economía circular, las tiendas de segunda mano, compartir prendas con las amigas, ceder o regalar ropa a amigos y familia, donar ropa a distintas ONGs y alquilar la ropa que necesitemos para momentos puntuales, son opciones muy interesantes y eficaces para frenar el impacto que la moda rápida y barata está provocando en el medio ambiente.

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