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Según los datos del Ministerio de Sanidad, el año pasado nos salimos en cuanto a tomar pastillas por encima de nuestras necesidades, 2021 marcó un máximo histórico en los medicamentos con receta que compramos en la farmacia y sí, solo los que compramos con receta, el resto, pues, ahí están en una especie de limbo del que nadie habla porque no hay datos oficiales parece ser.

Los años que coinciden con la crisis económica y social más profunda que hemos conocido son los que nos han lanzado al botiquín a ver si con unas pastillas solucionábamos nuestros problemas, lo mismo es casualidad o causalidad, no lo tengo claro, eso es mejor que lo digan los expertos.

Lo que es innegable es que ha aumentado el consumo de antidepresivos en un 45% y eso ha tenido que ser por algo. Ha aumentado el consumo de opioides porque según los que saben, resulta que las unidades de dolor son escasas y con poca dotación y claro, es más económico empastillar a la población en general que invertir en la sanidad pública abriendo más unidades especializadas en este tipo de patologías. Todos a tomar pastillas por encima de nuestras necesidades que el sistema no puede parar ni cuidar a la población de otro modo.

Es verdad que como sociedad nos hemos acostumbrado a la solución inmediata, aquí y ahora y no siempre es lo que mejor funciona. Al final, esa inmediatez puede llevarnos a que esa medicación urgente que parece que nos alivia lo que hace es cronificar el problema que nos genera el dolor.

Carmen Valls, en el libro «Mujeres Invisibles» (Ed. Capitán Swing) demuestra con datos lo que lleva años denunciando y es que a las mujeres se nos diagnostica demasiadas veces de manera errónea.

Se nos recetan tranquilizantes o antidepresivos como si fueran gominolas y sin embargo no se enfoca el problema que genera ese malestar donde se debería enfocar: en la sobrecarga de trabajo en el hogar y fuera de él, una sobrecarga tanto física como mental que genera situaciones de estrés y ansiedad que solo se «parchean» (que no solucionan) mediante la medicación.

Es evidente que para dejar de ser una sociedad empastillada como es la nuestra, tendríamos que empezar por cambiar nuestro modo de vida, nuestras condiciones de vida. Tendríamos que empezar a vivir más y subsistir menos que es lo que millones de personas hacen a diario en todo el mundo, pero si eso fuera así estaríamos hablando de otro sistema social, económico y hasta político, así que como es no tiene pinta de que vaya a cambiar, todos a tomar pastillas por encima de nuestras necesidades.

Otro libro de otro autor habla de esa misma sobre medicación que sufre la población en general, es el libro de James Davies, «Sedados» (Ed. Capitán Swing) que señala que más o menos lo mismo que dice Valls sobre las mujeres españolas, lo están viviendo los británicos en sus propias carnes. El sistema sanitario británico medica a las personas en lugar de tratar la dolencia que presentan, cronifica el problema en lugar de curarles y lo que parece una solución no deja de ser una condena.

Y por si hubiera pocas pruebas o por si no os apetece leer que todo es posible, tenéis en Disney+ «Dopesick», una magnífica miniserie que cuenta una realidad que viene produciéndose en Estados Unidos desde hace décadas, una realidad que se ha convertido en uno de los mayores problemas con los que se enfrentan los distintos gobiernos y es la adicción de millones de personas a los opiáceos legales que se venden en las farmacias.

En la serie vemos como personas normales que podrían ser nuestras vecinas o nosotras mismas, empiezan a tomar lo que les receta su médico con la mejor intención. Un analgésico que les ayude a superar sus dolores para seguir funcionando, para seguir trabajando, para seguir con sus vidas pero que realmente les ata a su consumo.

Una serie y dos libros para reflexionar ahora que llegan las vacaciones, imposible aburriros con todas estas propuestas, aunque también os digo, imposible que no os enfadéis con la industria y los gobiernos que permiten que seamos la sociedad más empastillada de la historia de la humanidad. Y lo que nos queda.

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