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No todos los dirigentes políticos lo entienden ni lo apoyan y si vivís en Madrid, por ejemplo, lo sabéis de primera mano. Una ciudad llena de zonas verdes es mucho mejor que una en la que el asfalto esté generalizado por muchos motivos y cada vez más serios y urgentes por lo que los científicos y los médicos lo tienen muy claro, es preferible vivir en ciudades con zonas verdes para cuidar la salud, independientemente de la edad que se tenga y lo sano que se esté.

Los entornos urbanos con más vegetación se asocian a mejor salud infantil. Un estudio con niños y niñas de seis países europeos observa que se muestran menos sedentarios y van más al colegio a pie o in bicicleta, cuando viven con más naturaleza a su alrededor; dedican menos tiempo a hábitos sedentarios, duermen más y realizan más actividad física en su día a día.

Pero no solo es una realidad que beneficia a la infancia, desde la Organización Mundial de la Salud lo han dejado por escrito, la recomendación es vivir como mucho a 300 metros de una zona verde para mantener una calidad de vida saludable.

Y sin embargo, una investigación llevada a cabo por ISGlobal, señala que más del 60% de la población en Europa vive en zonas con menos espacios verdes de los recomendados. Aumentar los espacios verdes en los entornos urbanos podría prevenir más de 40.000 muertes prematuras anuales solo en nuestro continente.

Vivir en ciudades con zonas verdes para cuidar la salud de la población es una realidad, incluso ese poquito de naturaleza urbana hace que se reduzca el estrés y se minimice el riesgo de padecer determinadas enfermedades que afectan de forma generalizada a la población que vive en ciudad y que cada vez somos más. Se estima que en el año 2050 dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades o entornos urbanos y será imprescindible diseñar esas ciudades con zonas verdes para cuidar la salud y prevenir problemas sociales mucho más complicados de afrontar.

Terrazas, cubiertas de edificios, tejados de marquesinas de autobuses, muros ajardinados, son actuaciones que ya se están llevando a cabo en distintas ciudades de todo el mundo y que conviene extender y copiar en aquellas en las que aún no se han generalizado.

Vivir en ciudades con zonas verdes para cuidar la salud mental y no solo la física es algo que ya se ha demostrado que tiene unos vínculos importantes. Las personas que han crecido en entornos urbanos con más espacios verdes tienen menos problemas de salud mental cuando alcanzan la edad adulta.

El impacto de las zonas verdes en la salud mental colectiva es una realidad. Hace relativamente poco tiempo, un estudio de distintos expertos de universidades de Canadá, Estados Unidos y España, llegaba a la conclusión de que existe una relación real entre la exposición a la naturaleza y el diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en la infancia.

Casi 3.000 mujeres de 10 provincias españolas han participado en un estudio que abunda sobre esta realidad: vivir en ciudades con zonas verdes para cuidar la salud es algo que funciona. Vivir a menos de 300 metros de una zona verde urbana consigue reducir el riesgo de sufrir cáncer de mama y cuantos menos metros de distancia haya más se reduce este riesgo.

¿Cómo conseguir más ciudades con zonas verdes para cuidar la salud de la población?

Hay numerosas acciones que se están poniendo en marcha y muchas más que se pueden ir implementando sin que eso suponga un aumento de la carga impositiva para la ciudadanía o una desviación de partidas económicas de los presupuestos municipales, autonómicos o incluso nacionales. Todo se reduce fundamentalmente a una cuestión de voluntad política de los gestores municipales, nada más.

Además, desde organizaciones ecologistas como es Greenpeace, nos recuerdan que las ciudades son las responsables del 70% de las emisiones de CO2 que se lanzan a la atmósfera por lo que su modelo urbanístico, energético e incluso alimentario merece una revisión cuando hablamos de cuidar la salud de la ciudadanía. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, más de 3 millones de muertes en toro el mundo fueron atribuibles a la contaminación atmosférica, hacer ciudades más limpias, más verdes y menos contaminantes es una necesidad vital.

En Estados Unidos se empezaron a desarrollar en muchas ciudades desde hace varias décadas los llamados «Jardines de Lluvia» y cada vez se han hecho más populares en este país pero también fuera de él. En el Reino Unido también se han ido implantando bajo el término de «Sistema de Drenaje Sostenible» y en Australia se implementan bajo el concepto de «Diseño Urbano Sensible al Agua» pero todos ellos coinciden en la filosofía de ir ganando espacio verde en las ciudades multiplicando las posibilidades de la flora autóctona de cada región y con una gestión sostenible del agua que además evita inundaciones y problemas viales.

También en Reino Unido se han empezado a instalar más de 90 jardines urbanos en los techos de las marquesinas de los autobuses que también se extienden por las paradas de los autobuses de la ciudad de Utrech. Una medida que ayuda a preservar los entornos en los que se desarrollan los insectos. Además, esas mismas marquesinas cuentan con paneles solares por lo que la iluminación que necesitan cuando llega la noche no depende de la red eléctrica, son autosuficientes energéticamente.

Bruselas es una de las capitales más verdes de toda Europa, tiene casi 1.200 hectáreas ocupadas por parques y jardines, lo que ha conseguido mediante una buena planificación urbanística por parte de sus gestores y en muchas ocasiones la colaboración de distintas asociaciones e incluso de la propia ciudadanía que habita alrededor de esos entornos.

El consistorio de Santander está trabajando en colaboración con SEO/Birdlife en un proyecto con el que se quiere reforzar el papel de las zonas verdes urbanas y su importancia para la biodiversidad local, lo que repercute en la calidad de vida de la ciudadanía.

La plataforma ciudadana Bosque Urbano Málaga plantea la creación de un área verde de más de 17 hectáreas y ya se han plantado más de 250 ejemplares de especies mediterráneas en el espacio de este ambicioso y necesario proyecto siguiendo el ejemplo de Valencia que es la ciudad que tiene el parque urbano más largo de Europa en el antiguo cauce del Turia y poco a poco ha ido incrementando los metros cuadrados de zona verde por habitante de forma continuada.

En nuestro país, la ciudad que tiene una mayor proporción de espacio verde urbano es Cáceres aunque Vitoria-Gasteiz lleva siendo desde hace años un modelo de ciudad a imitar, que apuesta por la sostenibilidad, las políticas verdes y la proximidad de sus habitantes a la naturaleza.

En el ayuntamiento de Huesca están trabajando para extender sus «islas de biodiversidad» por toda la ciudad implicando a los colegios del municipio, donde los alumnos se encargan de sembrar las flores autóctonas que dan refugio a los insectos que al mismo tiempo suponen un efectivo control biológico de plagas en el arbolado urbano, como la del pulgón. Y en Pontevedra han creado lo que ya es conocido como el «Modelo Pontevedra» consiguiendo reducir de forma muy notable las emisiones contaminantes y al mismo tiempo los atropellos mortales que han desaparecido por completo.

¿Para qué es importante y cómo afecta a la salud vivir en un entorno urbano más verde?

  1. Para gestionar mejor el agua de la lluvia. Porque los desiertos urbanos que en demasiadas ocasiones son las ciudades, no tienen una correcta gestión del agua de lluvia que empobrece el terreno y descompensa la humedad ambiental. Las cubiertas vegetales en los edificios, en las marquesinas, en los parques urbanos, almacenan y evaporan progresivamente el agua de lluvia lo que hace que la gestión sea mucho más positiva.
  2. Para contar con un manto protector de larga duración. El Instituto de Ciencias Aplicadas de Fraunhofer ha calculado la vida de una cubierta vegetal por encima de los 40 años, mientras que una cubierta de grava no dura más de los 25 años. Además, se sabe que en la ciudad de Berlín hay cubiertas de este tipo instaladas hace más de cien años y siguen funcionando sin problemas.
  3. Para minimizar el efecto de «Isla de Calor». Los revestimientos verdes reducen la necesidad de utilizar sistemas de refrigeración y calefacción lo que hace que se disminuya en gran medida ese efecto que se padece en las grandes ciudades llamado «islas de calor», las altas temperaturas que genera este efecto en las ciudades se relaciona con ratios de enfermedad e incluso de mortalidad sobre todo entre la población de mayor edad y se sabe que esto va a ir a más por culpa del cambio climático del planeta y el calentamiento global que estamos viviendo ya.
  4. Para reducir la temperatura superficial de los edificios. La temperatura superficial de un manto vegetal se mantiene varios grados por debajo de la de una fachada convencional, lo que en ciudades que sufren por las altas temperaturas es algo muy beneficioso para la población en general. Además, las cubiertas vegetales generan una sombra permanente sobre los elementos técnicos de impermeabilización y cerramiento de un edificio, reduce la diferencia de temperatura entre exterior e interior y mejora la transmitancia técnica. Lo que se resume en que los revestimientos verdes hace que se necesite un menor aislamiento térmico.
  5. Para aprovechar la refrigeración natural por agua. Los envolventes verdes añaden una mejora térmica en los edificios, el agua puede acumular mucha energía térmica antes de transmitirla y además necesita mucha energía térmica para evaporarse, lo que hace que se refrigere el follaje de la cubierta envolvente y, por tanto, el tejado o la fachada del edificio en el que se aloja.
  6. Para reducir el ruido que soporta la población en las ciudades. Las cubiertas y revestimientos vegetales tienen también una incidencia apreciable en la contaminación acústica absorbiendo parte del ruido de maquinaria o incluso del tráfico habitual que ya se sabe muy pernicioso para la salud humana. Los beneficiosos de rodearnos de vegetación a nivel neuronal son muy numerosos, estudios sobre la neurociencia aplicada a la arquitectura han mostrado como la visión de plantas y árboles tiene efectos de restauración cerebral, reducción de estrés e incluso control de la presión arterial.
  7. Para regular, atrapar y descomponer compuestos nocivos presentes en el aire. Además del CO2, las plantas tienen la capacidad de absorber numerosos compuestos orgánicos volátiles nocivos para la salud (algunos actúan como disruptores hormonales) que conviene reducirlos al máximo. Las cubiertas verdes los absorben y los descomponen hasta convertirlos en nutrientes que ellas mismas aprovechan para su alimentación y desarrollo.
  8. Para crear nuevos hábitats y corredores verdes urbanos. Masas vegetales que conectan tanto las superficies como los parques públicos y privados, las fachadas y las cubiertas que se convierten en corredores naturales que permiten la migración de aves e incluso de invertebrados. Desde la perspectiva de la biodiversidad este punto es muy importante porque podría llegar incluso a generar nuevos hábitats para especies que en la actualidad se han expulsado de las áreas urbanizadas. Estos nuevos hábitats se pueden diseñar a medida para atraer a especies concretas como pasa con los oasis de abejas que ya se han creado en muchos parques de algunas ciudades, del mismo modo se pueden crear entornos amables para especies como las cigüeñas, los gorriones e incluso los halcones para recuperar una biodiversidad beneficiosa para todos y de importancia vital a la hora de controlar las plagas más comunes y corrientes en las grandes y pequeñas urbes, desde roedores a mosquitos, por citar solo dos de las plagas más comunes.
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